Producción de una Emisión Cantada Pura

Vamos a ver el modo de aplicar verdaderamente la «ah» susurrada a la vocalización con el fin de producir sonido de acuerdo con nuestro diseño natural. Cuando esto se hace con habilidad, se produce un sonido sin esfuerzos, sin manipulación, un sonido que se puede mantener sin esfuerzo y sin tomar aliento de manera perceptible.

El problema del hábito

La respiración es resultado del movimiento de las costillas y del diafragma, y se produce con su máxima eficiencia cuando nos alargamos y nos ensanchamos y no interferimos en estos movimientos naturales. Los mismo puede decirse de la vocalización. Si no interferimos en la longitud y la libertad de nuestros músculos cuando acercamos los pliegues vocales para vocalizar, el habla y el canto se producirán de manera eficiente. Pero normalmente solemos interferir en la mobilidad y en la libertad que garantizan la respiración natural, acortándonos de estatura para tomar aliento y constriñéndonos después para producir sonido; el resultado es que empleamos demasiada presión del aliento y demasiado esfuerzo muscular.

En el contexto de este problema, vimos que la «ah» susurrada nos aporta un medio para prevenir los hábitos dañinos que se producen durante la vocalización, sin dejar por ello de unir los pliegues vocales. A base de enfocar la atención en la espiración en vez de en la inspiración, la «ah» susurrada permite evitar tomar aliento, y evita también la tendencia a acortarnos y a tensarnos al espirar; estas son exactamente las condiciones que nos interesan para vocalizar de manera coordinada.

Pero es fácil caer en la creencia de que, con solo convertir una «ah» susurrada en habla o canto, será posible superar los hábitos equivocados relacionados con el habla y la respiración; y la verdad es que no es así. En el momento en que vocalices, descubrirás que te vuelven los hábitos dañinos, aunque seas capaz de ejecutar una «ah» susurrada bastante buena. Tomarás aliento, y después, para vocalizar, aumentarás la presión del flujo de aire; todo ello indica un aumento de la tensión, aunque tú no llegues a percibir que se produce.

Así pues, realizar la «ah» susurrada como una especie de tarea mecánica, por muy útil que pueda resultar hasta cierto punto, no es de suyo una solución para el problema de la vocalización. El problema principal y primario que hay que resolver al vocalizar es el problema del hábito. Dado que la idea de hablar o de cantar hace entrar en juego estos hábitos dañinos, cualquier intento de «hacer», por bien intencionado que sea, fracasará, ya que no somos capaces de llevar a cabo la acción sin tener la idea de hacerla.

Si pruebas a hacer esto estando tendido en la posición semisupina (ver: https://hablemosdevoz.com/como-impedir-la-pauta-basica-del-uso-erroneo/), te resultará bastante fácil percibir la interferencia que se produce cuando piensas en vocalizar. Si después de llevar a cabo una serie de espiraciones controladas empiezas a vocalizar, advertirás un incremento perceptible de la tensión o del esfuerzo en los músculos del cuello y del tronco, tensión que está asociada al deseo de tomar aliento. Resulta muy útil familiarizarse con esta tendencia. Intentar aplicar ciegamente un método no puede servir para resolver el problema del mal uso vocal si no se empieza antes por sentar una base identificando en qué consiste el problema. Como los hábitos vocales son sutiles, es fácil llegar a creer que estamos consiguiendo impedir esos hábitos cuando en realidad no lo estamos consiguiendo. Es esencial reconocer que el acto de la vocalización hará entrar en juego a las tendencias mismas que interfieren en la vocalización natural. Continúa experimentando con la vocalización libre de esfuerzo, y obtén toda la experiencia que puedas a base de observarte a ti mismo, antes de intentar seguir más adelante.

La «ah» susurrada y la postura de ventaja mecánica

La «ah» susurrada no supone una aproximación completa de los pliegues vocales. El problema final es convertir la «ah» susurrada (que supone un cierre de los pliegues vocales, pero sin vibración) en una verdadera vocalización. Toda decisión de hablar o de cantar hace surgir los hábitos erróneos; así pues, debemos encontrar una manera de aproximar plenamente los pliegues vocales que no esté asociada al habla ordinaria.

Pero es difícil intentar hacer esto en la posición semisupina. El canto es un acto físico, atlético, por lo que resulta casi imposible realizarlo en una postura pasiva.

Es necesario adoptar una postura de ventaja mecánica que fomente todo la elasticidad de los músculos que sea posible. También resulta útil estirar los dedos y apoyar las manos sobre una superficie plana, para estar «a cuatro patas», lo que proporciona mucho apoyo para la espalda. En la postura que se ilustra en la figura 12-1c, la espalda y el frente del cuerpo se están alargando, la espalda está ensanchada y elástica, y el tórax está plenamente abierto y flexible.

Cuando esta postura se realiza con habilidad, aporta un estado muy tonificado y elástico de los músculos de la espalda, con libertad máxima en las costillas; entonces es posible llevar a cabo una espiración controlada con verdadera fuerza y apoyo y sin la más mínima sensación de esfuerzo.

Cuando domines el modo de producir alargamiento estando en esta postura, realiza una serie de «ah» susurradas. Olvídate de si has conseguido evitar tus hábitos vocales dañinos; lo que se pretende es adquirir experiencia y unir entre sí los diversos componenetes que producen un acto coordinado, y, de este modo, desarrollar la competencia en la ejecución de una «ah» susurrada coordinada.

La vocalización y el no-hacer

El último paso es pensar en un sonido, pero no de la manera habitual que se vincula a los hábitos dañinos asociados al canto y al habla. Esto se puede hacer de varias maneras: juntando los labios y produciendo un sonido «ma» durante la «ah» susurrada; o bien, en el momento de empezar a susurrar, vocalizar en vez de susurrar en un tono más agudo, pero descender rápidamente, lo cual está menos asociado a hábitos dañinos que la vocalización en nuestra extensión baja habitual. Pensando en un sonido, podemos conseguir el cierre pleno de los pliegues vocales, pero sin tener verdaderamente, en el sentido habitual, la intención de cantar o de hablar. En teoría, por tanto, los pliegues vocales se juntarán, produciendo un sonido vocalizado, sin ningún cambio de uso.

Pero en la práctica no es fácil conseguir una emisión cantada pura perfectamente natural. Los hábitos de vocalización están tan arraigados, que en el momento mismo en que pensamos en producir sonido caemos en nuestro viejo hábito para obtener ese resultado. Si obsevamos con atención lo que sucede cada vez que pensamos en vocalizar, podremos detectar cambios en el nivel de tensión, cambios en el flujo del aire (que indican un aumento del esfuerzo) o alteraciones de la postura; estos cambios nos dicen que hemos cedido a la idea de vocalizar de la manera habitual.

Es en esta etapa cuando cobra toda su importancia el entender la «ah» susurrada, en vez de limitarnos a saber el modo de hacerla. La mayoría de nosotros creemos que, para producir sonido, debemos hacer algo, aplicando esfuerzo para apoyar la voz; esa tendencia es tan poderosa, que el deseo de cantar desencadena los hábitos mismos que interfieren la vocalización. Pero cuando entendemos claramente la «ah» susurrada, sabemos que todos los elementos de la vocalización están presentes con solo que atendamos al funcionamiento coordinado del sistema muscular mientras que producimos un sonido susurrado controlado. Entonces, ¿por qué tenemos que pensar en respirar o en vocalizar para producir sonido? Suponiendo que el sistema muscular está bien coordinado, y no hace falta nada más para producir sonido, salvo una espiración controlada y una aproximación de los pliegues vocales, que se puede producir con solo pensar. Esto significa que es posible vocalizar sin hacer nada en absoluto; por tanto, podemos ceñirnos a la decisión de no vocalizar, con la confianza de que podremos conseguir nuestro objetivo con solo ceñirnos al proceso de atendernos a nosotros mismos.

Así pues, para ejecutar una verdadera «ah» es preciso, en primer lugar, adoptar un porte general donde el andamiaje elástico del tórax permita que se produzca la respiración de manera completamente libre de obstáculos. Entonces, sin llegar a tomar aliento, debe producirse el sonido «ah» sin esfuerzo, sin empujar ni forzar el aliento de ninguna manera ni contraer la caja torácica, con solo sonreír para liberar los músculos faciales, dejando que la lengua se suelte hasta la punta de los dientes inferiores, al tiempo que se suelta la mandíbula para dar salida al sonido «ah». Después, los labios se juntan para que entre el aliento por la nariz, y a continuación se vuelve a repetir el ciclo. La mente no debe preocuparse por la respiración ni por producir el sonido, sino que debe estar enfocada en las coordinaciones corporales correctas mientras «oye» el sonido que se desea. De hecho, no debe haber ninguna conciencia de tomar aliento; solo de mantener las expansiones; y se deben mantener las expansiones mientras se permite a la mandíbula abrirse libremente para producir un sonido «ah» abierto. A medida que reducimos la cantidad de esfuerzo, la «ah» debe durar cada vez más tiempo durante la parte de espiración del ciclo respiratorio. Esta es la espiración controlada que constiruye un uso coordinado de la respiración y de la garganta, una verdadera «ah» susurrada.

Es importante tener presente que durante el transcurso de este proceso debe dejarse completamente «en paz» la respiración para que siga su ciclo natural; la tentación de tomar aliento antes de producir el sonido es muy grande. La no interferencia durante la espiración es lo que produce la vocalización controlada; el centro principal de la atención debe ser la coordinación corporal que lo permite. Esto significa que debemos entender los principios que hemos citado de la respiración, consiguiendo el máximo porte y longitud de estatura de tal modo que el andamiaje elástico pueda funcionar con el máximo provecho, lo que garantiza a su vez que puedan realizarse sin obstáculos los movimientos respiratorios correctos. Esto implica también que los músculos suspensores estén apoyando correctamente a la laringe. También es importante tener en cuenta que hay que dejar en paz los músculos de la articulación: las mejillas, la lengua, la mandíbula, el velo del paladar y la garganta. Además, si hay cualquier toma de aliento, cualquier esfuerzo o cualquier presión del aliento para producir el sonido, es que el procedimento se está realizando de manera incorrecta. El sonido debe ser ligero, abierto y proyectado; si hay algún esfuerzo en la garganta, se apreciará en el sonido.

Cuando hayamos conseguido dominar este proceso, el paso siguiente será formar consonantes, experimentar con diversas vocales y producir palabras. Intervendrán en esto los músculos de la articulación, no de la manera que se asocia normalmente al habla ni al canto, sino siguiendo los principios de la emisión cantada pura. Entonces podremos vocalizar plenamente el sonido, un paso que exige mucha experimentación y mucha atención a los principios que hemos expuesto, pero que se conseguirá sin falta si nos ceñimos estrechamente a dichos principios. La producción de una emisión plena no deberá requerir más esfuerzo que el que requiere el sonido susurrado.

Si lo consigues, descubrirás que, sin la menor sensación de esfuerzo, eres capaz de producir un sonido poderoso y resonante que dura hasta diez segundos o más, y que eres capaz de teminar una frase y comenzar otra nueva sin tomar aliento de manera perceptible. Como no habrás tomado aliento para producir este sonido, te preguntarás cómo puede durar tanto; la explicación es que el sistema está funcionando de manera elástica y sin esfuerzo, con una fuerza poderosa y atlética que, no obstante, no requiere esfuerzo en el sentido normal del término.

La clave de este proceso es saber cómo parar. Cuando tenemos el objetivo de cantar una nota, la intención o la idea de cantar hará entrar en juego a los hábitos dañinos que interfieren en los movimientos naturales de los que depende la vocalización. Para sortear este obstaculo, es importante no ir directamente hacia el objetivo, sino ceñirse al proceso de ser conscientes del cuerpo y de producir una espiración controlada coordinada. Toda impaciencia o preocupación por los resultados interferirá este proceso; al no centrarnos en el «objetivo final» sino en los elementos que intervienen en la produccción del sonido, podremos convertir el sonido susurrado en un sonido plenamente vocalizado, sin llegar a interferir en el funcionamiento coordinado del sistema muscular del que dependen la respiración y la vocalización.

Pero el éxito en la labor de evitar los hábitos erróneos a base de detenerse y centrarse en el porceso en vez de en el objetivo final se basa, por encima de todo, en hacer que todos los juegos antagónicos del sistema funcionen en la postura de ventaja mecánica, para aplicar después este funcionamiento al problema de la vocalización. Todo depende del proceso gradual de ser conscientes y de producir una coordinación completamente nueva, de aprender a ejecutar una «ah» susurrada en este estado coordinado y de emplear después la espiración controlada como puente para vocalizar de una manera totalmente nueva. De este modo entenderás un principio completamente nuevo y revolucionario de la producción vocal: el principio de dominar el mecanismo como base para producir sonido sin esfuerzo y según los principios verdaderos de la naturaleza.

Cuando consigas hacer esto, serás capaz de producir un sonido que se podrá mantener sin esfuerzo, sin manipulación y sin toma perceptible de aliento.

En resumen, la vocalización coordinada requiere:

  1. Un conocimento del funcionamiento del cuerpo, y la capacidad, por medio de la consciencia, de producir una reacción de alargamiento y de libertad por toda la musculatura, asi como una integración del funcionamiento de las partes.
  2. El reconocimiento de la importancia de detenerse, como base para impedir los hábitos dañinos asociados al habla o al canto.
  3. El reconocimiento de que estos hábitos actúan cuando apuntamos directamente al objetivo final de hablar o de cantar, y de la necesidad de detenerse como base de cualquier intento de vocalizar.
  4. El conocimiento de los elementos de la vocalización (la necesidad del flujo de aire controlado y de la aproximación de los pliegues vocales) y la capacidad de aplicar con inteligencia la «ah» susurrada como medio para crear estos componentes de la vocalización sin la idea de vocalizar.
  5. La capacidad de conseguir el fin de producir indirectamente el sonido, no centrándose en el objetivo final sino en los medios, y experimentando con modos de juntar los pliegues vocales para producir sonido que no estén asociados al habla normal ni al canto.

Los puntos esenciales que deben tener presentes al producir una espiración controlada correcta son: (1) establecer las condiciones generales de coordinación que garantizarán los movimientos debidos del tórax en la respiración, así como la suspensión deseada de la laringe en su andamiaje; y (2) no aplicar ningún esfuerzo, ni hacer entrar en juego a los hábitos vocales usuales ejerciendo presión con el aire contra la garganta. Si no se consigue evitar estas tendencias, el ejercicio será un mero ejercicio vocal más. Si se mantienen las condiciones generales correctas, el cantante será capaz de producir sonido con facilidad, y estará dotado, además, de un criterio sensorial mejorado para medir el uso incorrecto de las partes, con lo que será capaz de mejorar constantemente, en vez de interferir cada vez más en el proceso, como suele ser tan corriente incluso en cantantes con dotes naturales con el transcurso del tiempo.

Así pues, es posible coordinar la respiración con la garganta para producir una espiración controlada sin transgredir los princiíos de la respiración, sin presionar innecesariamente contra la garganta ni emplear demasiado esfuerzo. El sonido que saldrá entonces no estará constreñido por las limitaciones habituales que se encuentran en los cantantes corrientes, y la superioridad de control que llega espontáneamente a consecuencia de haber descubierto la base de la emisión cantada pura demostrará que las habilidades específicas llegan con más facilidad cuando se fundamentan en los principios verdaderos de la respiración y de la vocalización. No se hara entrar en juego a músculos no debidos para compensar las deficiencias de la voz. Y la apertura y la belleza emotiva natural de la voz, y la falta de esfuerzo con que se producirá, convencerán hasta a los más escépticos de que la naturaleza no pretendió que recurriésemos al esfuerzo para expresarnos.

Pero ¿que hay de las exigencias prácticas del canto, que requieren la capacidad de cantar frases largas? Parece como si los principios que hemos debatido aquí no tuvieran gran valor para el cantante, que, por definición, debe someter el ciclo natural de la respiración a un control deliberado, tanto durante la espiración (vocalización) como para cobrar aliento en función de las exigencias de la música. Así pues, ¿de qué sirven los principios que hemos estado viendo aquí al cantante que ha de ejecutar un repertorio vocal exigente?

Debemos recordar, en primer lugar, que la producción de una emisión cantada pura es previa al canto, que es un proceso intelectual complejo con el que interviene la melodía, el lenguaje y la interpretación musical. El dominio del canto exige en primer lugar, y por encima de todo, que aprendamos a producir sonido de acuerdo con el impulso emotivo natural de expresar sentimientos, y esto antecede a la música como proceso intelectual.

En segundo lugar, los principios que intervienen en la respiración indican que la vocalización (por compleja que sea) es, en primer lugar y por encima de todo, el resultado de unos movimientos coordinados del cuerpo en su conjunto, y más especialmente entre el andamiaje respiratorio y la garganta. Solo es posible que cualquier parte determinada del mecanismo realice su función concreta gracias a que funciona dentro del todo. Si los músculos de la laringe no están apoyados y dilatados como es debido dentro del andamiaje de los músculos suspensores, no podrán ejercer adecuadamente sus funciones específicas. Por tanto, toda habilidad en la que intervenga el empleo deliberado de este mecanismo (aun cuando dicha habilidad pueda someter a cualquier parte del mecanismo a exigencias fuera de la común) debe basarse en el todo coordinado.

Dicho de otro modo, el catante debe cultivar el control basándose en los principios primarios en los que se apoya la respiración y la emisión cantada; el control específico se basa en este fundamento. Si este fundamento de coordinación en que se basan las funciones específicas es débil, entonces los esfuerzos específicos de control vocal y de respiración estarán mal dirigidos y acabarán por desembocar en la debilitación de la respiración y en distorsiones vocales. Como cantante, quizá temas que este fundamento no se pueda aplicar al canto real; pero la realidad es a la inversa: si intentas dominar los aspectos técnicos del repertorio antes de adquirir el dominio del instrumento básico de producción del sonido, cultivarás unos hábitos dañinos que interferirán en el canto real y no alcanzarás nunca la verdadera maestría que se requiere para cantar. Por tanto, los principios que intervienen en la producción de una emisión cantada pura, lejos de no ser aplicables a las necesidades poco comunes del cantante, son tanto más importantes para él, precisamente por el hecho de que las necesidades más intensas del cantante requieren una eficiencia máxima del todo coordinado sobre el que se levantan las funciones específicas.


Toda la información necesaria para escribir este artículo, así como las imágenes referentes a la anatomía fueron extraídas del libro Your Body, Your Voice de Theodore Dimon ilustrado por G. David Brown.


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