Los Cinco Elementos de la Producción Vocálica Libre de Esfuerzo

Vamos a atender al problema de como producir sonido de manera natural y libre de esfuerzo basándonos en el funcionamiento elástico natural del sistema muscular. La mayoría de las personas, para producir sonido, hacen una serie de cosas dañinas, entre ellas tomar aliento y, acto seguido, producir tensión y presión para apoyar el sonido. Dando por supuesto que es preciso llegar a dominar diversos actos, el método vocal solicita repetidamente al estudiante que produzca sonidos determinados, con la intención de realizar mejoras y de producir el sonido de manera más eficiente.

Pero este planteamiento no aborda en absoluto los hábitos dañinos en los que suelen caer los cantantes y otras personas que se sirven de la voz. Cuando tenemos la intención de producir sonido, el cuerpo coordina la respiración con la laringe, de manera natural y automática, de forma que se controla el flujo saliente del aire con el fin de producir un sonido sostenido. Por desgracia, este proceso de vocalización rara vez se produce de manera eficiente en la mayor parte de las personas adultas. En los niños pequeños y bien coordinados, el torso está plenamente alargado y sustentado, y el movimiento de las costillas está libre de obstáculos por completo. Esto permite a las costillas y al diafragma moverse libremente, con el resultado de una respiración plena. Si comparamos esto con la situación distorsionada de la mayoría de los adultos, vemos en cuánta medida se perjudica a la respiración, tanto en cuanto a la posibilidad de hacer fuir el aire libremente como en cuanto a la capacidad pulmonar general.

Si añadimos a este cuadro la actividad de la vocalización, la situación se vuelve más problemática todavía. En el momento de vocalizar, elevamos el pecho y estrechamos la espalda, y tomamos aire como preparación para hablar o cantar; y después mientras vocalizamos, acortamos y constreñimos las costillas, tiramos hacia abajo y presionamos para hacer salir el aire. Esto produce diversas distorsiones y tensiones que, con el transcurso de los años, interfieren el funcionamiento general del sistema. También somete a tensión a los pliegues vocales, que, a diferencia de los instrumentos de viento, no responden bien al aire forzado a presión.

Por tanto, nuestros hábitos de vocalización agudizan el problema de la coordinación muscular general que afecta a la respiración. Podemos mejorar nuestra respiración con solo mejorar las condiciones musculares de las que depende. Pero incluso cuando hayamos mejorado estas condiciones, los hábitos que se asocian a la vocalización entrarán en juego cada vez que pensamos en hablar y a pesar de cualquier mejora que hayamos obtenido. Bastará con que pensemos en vocalizar para que utilicemos el sistema de manera incorrecta para tomar aire; y después, cuando vocalicemos, expulsaremos el aire demasiado deprisa y nos acortaremos para crear el flujo de aire que necesitamos, o que creemos necesitar, para hablar. Tampoco se puede resolver este problema con solo detenernos a mantener la consciencia mientras hablamos. Los hábitos de tomar aire y de empujar el aire para que salga empleando tensión están tan arraigados, y forman una parte tan integral de la vocalización, que con solo que pensemos en vocalizar entrarán en juego estos hábitos como si fueran el único medio del que disponemos para vocalizar.

Así pues, para cantar o hablar sin la interferencia habitual es preciso resolver cinco problemas. El primero es restablecer el funcionamiento natural del mecanismo vocal, dado que prácticamente todos hemos interferido en él. En segundo lugar, necesitamos un flujo de salida de aire que haga vibrar los pliegues vocales, pero también necesitamos superar la preocupación de tomar aire que nos impulsa a hacer la inspiración. El tercer problema es espirar sin colapsar ni acortar; es decir, crear el flujo de aire necesario para cantar y hablar sin llegar a interferir para ello en el sistema muscular. El cuarto problema es aprender a producir sonido sin colapsar el mecanismo vocal; es decir, al tiempo que se mantiene el apoyo suspensor de la laringe. El quinto problema es vocalizar sin volver a caer en nuestra manera habitual de usar la voz.

Establecimiento de los fundamentos del uso coordinado del sistema muscular

Este es el fundamento de los pasos siguientes, ya que estamos dotados de un diseño natural en el que se puede interferir por los hábitos posturales dañinos, por el mal uso del cuerpo en diversas actividades y por los hábitos dañinos de la respiración y del habla. El primer paso para conseguir la vocalización natural es establecer un funcionamiento coordinado del sistema muscular, que se convierte en un fondo sobre el cual podemos percibir los hábitos dañinos y en un fundamento para la adquisición de hábitos positivos.

No tomar aliento para producir sonido

Cualquiera que haya estudiado canto o arte dramático y que haya empleado la voz ante el público sabe que la tendencia a tomar aliento como base para tener aire suficiente para producir sonido es casi irresistible. Pero la tendencia a tomar aire de este modo representa una verdadera alteración del mecanismo respiratorio. Es evidente que necesitamos aire para hablar o para cantar; pero otra cosa muy distinta es pensar en respirar. El cantante aspira entonces aire y lo obliga a salir empujando a base de acortarse y de ponerse rígido. En otras palabras, cualquier cosa que haga en la que intervenga la decisión de respirar o de hablar hace que entre en juego los movimientos equivocados que interfieren en la respiración. Como para la mayoría de nosotros tomar aliento está asociado estrechamente a esos movimientos y defectos innecesarios, la preocupación por la respiración es precisamente el estímulo inadecuado por parte del usuario de la voz, pues hace intervenir los mismos hábitos que interfieren los movimientos en los que se basa la respiración.

Es por esto por lo que los métodos que sueltan o liberan la respiración no abordan el problema fundamental, aunque den la impresión de abordarlo. Los ejercicios vocales pueden mejorar temporalmente la respiración o vigorizar el organismo, consiguiendo alguna liberación particular o aumentando la entrada de oxígeno. Pero en última instancia no pueden tener otro efecto que el de interferir el proceso, ya que, sean cuales sean los resultados concretos que se consigan, el acto mismo de respirar o de realizar un ejercicio es un estímulo que hace entrar en juego las tensiones mismas que alteran los movimientos naturales de la respiración.

Entonces, ¿cómo evitaremos este hábito? El flujo de entrada y salida de la respiración en el cuerpo es consecuencia del cambio de volumen del espacio interior del pecho, y la libertad de esos movimientos depende, a su vez, de la coordinación general del cuerpo. En otras palabras, el funcionamiento coordinado de las partes del cuerpo es lo que permite que se produzca la respiración de manera natural y automática. Así pues, el aire que necesitamos para cantar ya está fluyendo, entrando y saliendo de nuestros pulmones; entender esto es la clave para evitar el hábito de tomar aliento. Para llevar aire a los pulmones no tienes que «hacer» nada; ya entrará y saldrá de por sí, de la manera más eficiente posible, si tú te limitas a atender a las condiciones generales de las que depende la respiración.

A pesar de este hecho, cuando se pide a los cantantes que se abstengan de tomar aliento como preparación para el canto, muchos de ellos insisten en que necesitan aliento para cantar. Naturalmente, olvidan que el aliento necesario para cantar les entra y les sale de los pulmones y les seguirá entrando y saliendo aunque no tomen aliento conscientemente. Por tanto, es mejor no tomarlo, ya que tomar aliento deliberadamente no sirve más que para interferir el proceso de la naturaleza. Es absolutamente esencial que el usuario de la voz asimile intelectualmente este concepto como base para superar la creencia arraigada de la necesidad de tomar aliento.

La espiración controlada

Conseguir un flujo de salida controlado, o espiración controlada, resulta un poco más complicado. Cuando respiramos normalmente, el aliento tenderá a salir con rapidez; por tanto, no bastará con «dejar en paz» la respiración para resolver el problema de cómo espirar de manera controlada. Para conseguirlo, debemos pensar en un sonido, como puede ser el de soplar entre los labios, el de silbar entre los dientes o el de susurrar, que nos prolongue la espiración, no con esfuerzo sino sencillamente por el proceso natural de coordinar la respiración con nuestra intención de producir el sonido.

Aprender este proceso es la clave para conseguir un flujo de aliento natural y no obstaculizado. Al controlar la espiración, no colapsamos las costillas ni nos acortamos durante la espiración; esto permite a las costillas liberarse y abrirse con más facilidad en la inspiración siguiente. Y como la espiración controlada se centra en la espiración, aparta nuestra atención de la toma de aire, lo que permite a las costillas soltarse y al diafragma ascender plenamente mientras espiramos; dicho de otro modo, nos permite dejar de contener el aliento. En suma, la espiración controlada nos aporta un procedimiento de reeducación para evitar la contención del aliento y el acortamiento que obstaculizan el movimiento libre de las costillas y del diafragma, y, por tanto, nos permite conseguir un flujo de aliento más libre.

Realizar una serie de espiraciones controladas resulta beneficioso por dos motivos. En primer lugar, se reduce el estrés, al invertirse la tendencia a contener el aliento que constituye una parte de la reacción de estrés. Para reducir el estrés es más importante dejar de contener la respiración que intentar relajarse por medios directos.

En segundo lugar, restaurar la flexibilidad de las costillas y relajar el diafragma aumenta el flujo total del aire, contribuyendo así a oxigenar la sangre. También tiene el efecto de reducir la presión intratorácica y de aumentar la presión intraabdominal, lo que mejora la circulación sanguínea y fomenta una mayor absorción de oxígeno y eliminación de dióxido de carbono. No se puede conseguir un resultado como este por medio de los métodos de respiración que se centran en la inspiración o en la espiración forzada, ya que esto distorsiona las costillas y el diafragma e interfiere las coordinaciones naturales de las que depende la respiración.

La producción de sonido apoyada

No obstante, el aspecto reeducativo de la espiración controlada no es más que una parte de su propósito. El paso siguiente es producir una emisión apoyada que active los músculos suspensores de la laringe. La tendencia natural de la mayoría de usuarios de la voz, sobre todo de los que tienen poca formación vocal, es producir una emisión pesada, «no apoyada». Para contrarrestar esta tendencia, debe activarse la voz; es decir, la garganta debe estar abierta, el sonido debe ser ligero y estar «apoyado», y la garganta no debe estar deprimida ni pesada. Una manera de conseguirlo es jugar con un sonido más alto y ver si este se puede llevar al registro de pecho sin perder la cualidad de ligereza; es decir, sin «caída» o colapso en la garganta. Otra manera, que también forma parte del aprendizaje del modo de controlar la inspiración, y que veremos en el capítulo siguiente, es tonificar los músculos faciales, lo que tiende a abrir la garganta y a activar los músculos suspensores de la laringe.

Producción del sonido

El último problema es aproximar los pliegues vocales (es decir, juntar los pliegues vocales de modo que pueda tener lugar la vocalización) pero sin activar los hábitos erróneos asociados al habla o al canto. Si juntamos los pliegues vocales pensando en producir sonido, la asociación con el habla o con el canto hará entrar en juego inevitablemente las pautas dañinas que interfieren en la vocalización natural. Por tanto, es necesario aproximar los pliegues vocales pero de una manera que no se asocie al habla normal ni al canto. Una acción así es la de susurrar. Cuando susurramos, espiramos aire para producir sonido, pero de una manera controlada que no hace intervenir la tendencia habitual a acortarnos y a constreñirnos durante la vocalización, y activamos los pliegues vocales de una manera que no desencadena los hábitos asociados al habla ordinaria. De ahí solo queda un pequeño paso para la verdadera vocalización, es decir, para cerrar plenamente los pliegues vocales pensando en un sonido vocalizado, en vez de en un sonido susurrado. Sin tener que hacer más que (1) pensar en nuestra coordinación, y (2) pensar en un sonido, tenemos así a nuestro alcance los elementos necesarios para producir el sonido de manera natural y sin esfuerzo.

Resumen

Los elementos esenciales para conseguir la vocalización coordinada son los siguientes:

  1. Dominar las coordinaciones musculares que garantizan la respiración plena y libre.
  2. Reconocer los hábitos dañinos que entran en juego a consecuencia de la decisión de hablar, de cantar o de tomar aliento.
  3. Reconocer la importancia de tener un concepto claro de los principios de la presión del aire que rigen la respiración, para superar la creencia de que necesitamos tomar aire con el fin de vocalizar.
  4. Aprender a controlar la espiración para conseguir un uso coordinado del torso, la espalda y las costillas durante la espiración.
  5. Aprender a ejecutar la «ah» susurrada como medio para vocalizar de manera coordinada.

Cuando seamos capaces de producir una «ah» susurrada basándonos en estos principios, podremos producir sonido de manera natural y sin esfuerzo, sobre la base de un entendimiento claro del diseño inherente del cuerpo.


Toda la información necesaria para escribir este artículo fue extraída del libro Your Body, Your Voice de Theodore Dimon ilustrado por G. David Brown.


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