La Respiración

ballooning over mountain landscape

La fonación, o producción del sonido, está asociada fundamentalmente a la capacidad de respirar, y se basa en ella.

La respiración es una función esencial para la vida. Todos los días de nuestra vida debemos pasarnos el día entero tomando aire para proporcionar oxígeno a las células de nuestro cuerpo. Pero, a diferencia de muchas funciones básicas de la vida, la respiracion no es un proceso «interno», sino que está asociado directamente a una actividad constante de nuestro sistema musculoesquelético, debido a que la respiración consiste en un intercambio de gases que se produce por medio del movimiento de aumentar y reducir el espacio interior de nuestra caja torácica. Cuando aumentamos este espacio, nos entra aire en los pulmones; cuando lo reducimos, el aire se expulsa. Este flujo de entrada y salida del aire es lo que llamamos respiración.

Por qué respiramos

El oxígeno es una especie de combustible para el cerebro, los músculos, los órganos y otros tejidos del cuerpo. Cuando inspiramos aire, la sangre absorbe oxígeno; este se transporta después a diversas partes del cuerpo, donde se quema a modo de combustible.

Antes de bombear la sangre por todo el cuerpo, el corazón debe bombear la sangre por los pulmones para que empiece a recoger el oxígeno. La sangre rica en oxígeno regresa al corazón, y de allí se bombea a los tejidos de todo el cuerpo. La sangre, a la vez que descarga el oxígeno que transporta, recoge de los tejidos los productos de desecho, que se vuelven a llevar a los pulmones para exhalarlos. Todo este proceso tiene lugar cada vez que respiramos, y los ritmos cardiaco y respiratorio se van regulando a cada momento en función de las necesidades de oxígeno del cuerpo.

Si tomamos aire en los pulmones no es porque nuestros pulmones necesiten oxígeno, sino porque lo necesitan todos nuestros tejidos. Por tanto, la respiración tiene dos aspectos: el aspecto externo de la respiración, por el cual tomamos oxígeno en los pulmones, y el aspecto interno de la respiración, por el que el oxígeno se transfiere a los tejidos de todo el cuerpo. Pensamos que la respiración se produce en los pulmones, pero en realidad tiene lugar a un nivel molecular profundo en cada uno de los rincones del cuerpo.

Cómo respiramos

Cuando respiramos, no es el aire lo que nos dilata las costillas, sino que el movimiento de las costillas es lo que hace que el aire nos fluya al interior del cuerpo. En la cavidad torácica tenemos un espacio; aumentando el tamaño de esta cavidad se produce más espacio dentro de los pulmones y esto hace que entre aire por la nariz o por la boca para llenar el espacio adicional en los pulmones. Cuando reducimos el tamaño de esta cavidad, el aire se impulsa a salir. Este sencillo intercambio de aire es lo que llamamos respiración.

Pero, ¿qué hacemos para que el espacio interior de la cavidad torácica se haga mayor o menor? Lo conseguimos de dos maneras. En primer lugar, las costillas pueden ascender, moviéndose en sus articulaciones con la columna vertebral; cuando vuelven a su posición inferior, el espacio se reduce. En segundo lugar, la parte inferior del tórax está separada del contenido del abdomen por el músculo en forma de cúpula llamado diafragma, que puede aplanarse al descender, aumentando así el tamaño de la parte inferior de la cavidad. Cuando las costillas ascienden y se abren, el dafragma desciende; la cavidad torácica aumenta de tamaño y entra aire a llenar los pulmones. Cuando las costillas vuelven a la posición normal, el diafragma se relaja y asciende, el aire se impulsa a salir y espiramos.

Estos movimientos no se suelen producir de manera voluntaria. La respiración, como función vital que es, se produce de manera rítmica y automática, sin que tengamos que desearlo conscientemente ni controlarlo de ningún modo. Podemos manipular o controlar nuestra respiración deliberadamente para hablar o para contener la respiración. Pero el carácter automático de la respiración se hace notar en seguida si privamos de oxígeno a nuestro cerebro demasiado tiempo. También es interesante observar que el diafragma, cuya acción es tan esencial para la respiración, es quizá el segundo músculo que más trabaja del cuerpo, después del corazón, contrayendose rítmicamente cada pocos segundos durante toda nuestra vida.

Para respirar, no hacemos nada al aire ni lo manipulamos de ninguna manera. El aire entra y sale de los pulmones por la boca y por los orificios nasales a consecuencia indirecta del movimiento rítmico de las costillas y del diafragma. Esto significa que la calidad de la respiración no depende de lo que hacemos con el aire, sino de lo que hacemos con nosotros mismos; para respirar, no manipulamos el aire sino que manipulamos más bien nuestro propio cuerpo.

La anatomía de la respiración

A cada lado del cuerpo hay doce costillas que se corresponden con las doce vértebras torácicas de la columna vertebral. Las primeras siete costillas están unidas al esternón; estas se llaman costillas verdaderas. Las siguientes cinco se llaman costillas falsas, pues no están unidas directamente al esternón, sino que se unen entre sí para formar un arco por debajo del estenón. Las últimas dos costillas se llaman «costillas flotantes», porque no llegan hasta la unión de la parte delantera y, por tanto, «flotan» libremente. Las costillas no son óseas en toda su extensión. Antes de llegar al esternón se vuelven cartilaginosas, de modo que la conexión de las costillas con el esternón, así como todo el arco costal, son flexibles y permiten mucho movimiento a las costillas.

Dentro de la caja torácica se encuentran los pulmones y el corazón; los pulmones están a ambos lados del corazón. El diafragma constituye el límite inferior del tórax; el corazón y los pulmones están por encima del diafragma, y todos los demás órganos internos importantes están por debajo del mismo.

Las uniones de nuestras costillas con la columna vertebral están articuladas, lo que nos permite mover las costillas al respirar. Cuando inspiramos, las costillas rotan sobre estas articulaciones, elevandose ligeramente. La elevación de las costillas incrementa la dimensión lateral del tórax, y la elevación del esternón incrementa también las dimensiones del tórax. Al mismo tiempo que ascienden las costillas, el diafragma desciende y se aplana, aumentando el espacio interior del toráx para que entre el aire. Cuando las costillas descienden y vuelve a subir el diafragma, se reduce el espacio interior del toráx, y el aire se impulsa a salir de los pulmones.

La respiración y nuestro diseño vertical

En la postura vertical del ser humano, la columna está dispuesta hacia delante e inclinada hacia abajo, lo que significa que tiene que estar suspendida desde arriba. Si los músculos que sustentan el tronco funcionan como es debido, las costillas se moverán con libertad. Pero si acortamos y colapsamos la sustenctación del tronco, o interferimos de cualquier modo, entonces la caja torácica se colapsa, su forma se distorsiona y las costillas pierden la movilidad y la capacidad de expandirse.

Esta tendencia general a colapsarnos y a acortarnos se agrava por la tendencia tan extendida a elevar el pecho y a tomar aire por la boca al disponernos a hablar, y a colapsarnos y acortarnos durante el habla misma (así como por la costumbre de adoptar una postura hundida y derrengada al estar sentados delante del ordenador o ante un escritorio). La consecuencia es que todo el pecho y la espalda adquieren una postura inadecuada. Esto impide que las costillas se expandan debidamente durante la respiración. El resultado es un estado general de interferencia en la capacidad vital de respiración y en la movilidad, necesarias para una respiración plena y natural.

Cuando el tronco está sustentado debidamente y los músculos de la espalda se alargan y se expanden, entonces las costillas pueden moverse con libertad y la caja torácica puede mantener su forma más plena. En otras palabras, los movimientos de los que depende la respiración funcionan óptimamente cuando estamos bien coordinados en un sentido general, lo que aporta, a su vez, la respiración más plena posible.

El sistema de sustentación vertical

Existen tres sistemas musculares claves que garantizan la sustentación adecuada del tronco y de la caja torácica y la flexibilidad de las costillas y del diafragma.

El primero de estos sistemas es el de los extensores, que mantienen la extensión de la comumna vertebral y sustentan el tronco.

El segundo sistema es el de los flexores, que transcurren por la parte frontal del cuerpo y rodean el abdomen y el tronco

Dado que los músculos flexores y extensores están anclados en último extremo en la cabeza y tienden a tirar de ella hacia atrás y a acortar la columna vertebral, la cabeza está balanceada sobre el cráneo de tal modo que tira de los músculos del cuello y dorsales, y las vértebras hacen de separadores que mantienen la longitud de los músculos dorsales.

Los flexores y extensores pueden mantener la sustentación del tronco de tal modo que el tronco se alarga y se expande.

El tercer sistema muscular son las capas exteriores de los músculos dorsales que sustentan las costillas y la cintura escapular. Estos músculos, que dan flexibilidad a la caja torácica para que puedan moverse las costillas al respirar, dependen por entero de los dos primeros grupos musculares y de la sustentación del tronco. Si el tronco está bien sustentado, pueden funcionar con flexibilidad, las costillas y la respiración quedan completamente libres y abiertas. Por el contrario, si hacemos algo que colapse o acorte el tronco o que interfiera de algún otro modo en la sustentación y la longitud del tronco, entonces quedarán comprometidas la capacidad y la forma del tórax, y se obstaculizarán los movimientos de los que depende la respiración.

Para que la respiración se lleve a cabo como es debido, es fundamental que la cabeza esté equilibrada con libertad sobre la columna vertebral, y que el tronco se alargue y se ensanche. Esto otorga al tronco un grado máximo de libertad y de movilidad, y permite asimismo que las costillas y el diafragma se muevan libremente.

La falacia de los ejercicios de respiración tradicionales

Aunque la mayoría de las personas concuerdan en que la respiración es un proceso principalmente automático, que debe producirse de manera natural, en la práctica hemos heredado unos conceptos discutibles que influyen de manera inconsciente sobre nuestra manera de plantearnos la cuestión de cómo respirar como es debido.

La respiración no es una cuestión de mucho espacio; es una cuestión de la diferencia de espacios que se producen por el movimiento de las costillas y del diafragma, y esto no solo requiere capacidad, sino también coordinación y flexibilidad. Los músculos más importantes para la respiración no son los músculos específicos, sino los sistemas musculares mayores que garantizan el funcionamiento debido de esos músculos específicos.

La respiración funciona como un todo, y no tiene mucho sentido intentar manipular o controlar componentes específicos aislados de la respiración si no contamos con una comprensión positiva de cómo debe funcionar el sistema como un todo, para evitar interferir en este funcionamiento y para procurar restaurar la respiración normal sobre la base de este entendimiento total.

Aunque en efecto los músculos abdominales «controlan» indirectamente el diafragma, estos músculos funcionan en coordinación con la garganta y solo se pueden controlar debidamente en este contexto. Por tanto, los intentos de controlar específicamente los músculos abdominales solo pueden conducir a una mayor tensión, e interfieren en la respiración en su conjunto, al hacer que el estudiante se centre en todo lo que no debe. El diafragma es fundamental para la respiración, claro está; pero, en conjunto, se centran demasiado en él los cantantes, los practicantes del yoga y otros «expertos» en respiración que creen que es el agente principal de la respiración, cuando en realidad forma parte de un sistema mucho más amplio y solo puede funcionar debidamente en este contexto.

El diafragma y las costillas solo pueden funcionar de manera plena y flexible si dejamos de contener la respiración para centrarnos en la sustentación flexible del tronco; en vez de pensar en la inspiración deberíamos pensar en dar salida al aliento, para devolver la libertad al diafragma y a las costillas.

La clave de la respiración

Aunque la respiración es una función autónoma en gran medida, sabemos bien que es posible manipular y controlar temporalmente nuestra respiración, tomando aliento, forzando la salida del aire de nuestros pulmones y practicando diversos ejercicios. Es fácil llegar a suponer que se puede controlar y mejorar la respiración con independencia de nuestra coordinación muscular general. Pero ninguno de los movimientos específicos de la respiración puede porducirse como es debido mientras sigamos inferfiriendo en la sustentación elástica del tronco y en los movimientos flexibles de las costillas y del diafragma, que dependen de esta sustentación. Por otra parte, la coordinación debida del sistema muscular no solo tiene el efecto de ayudarnos a respirar mejor. Sería más exacto decir que esta sustentación es la condición necesaria para que la respiración funcione de la manera más eficiente; la sustentación alargadora y espansiva del tronco es indispensable para la respiración plena y eficiente.


Toda la información necesaria para escribir este artículo, así como las imágenes referentes a la anatomía fueron extraídas del libro Your Body, Your Voice de Theodore Dimon ilustrado por G. David Brown.


Descubre más desde Hablemos de Voz

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Deja un comentario