La Laringe

Vamos a estudiar la laringe, cómo el aire que sale de nuestros pulmones la pone en movimiento para porducir el sonido y sus diversas acciones.

Cómo producimos el sonido

Si inflamos un globo y lo sujetamos por la boca, pellizcándola entre dos dedos de cada mano para dejar salir el aire poco a poco, el globo emitirá un chirrido agudo. Esto se debe a que el aire, al escapar por una abertura muy estrecha, hace vibrar los bordes del globo, que producen ondas sonoras. De manera muy simplificada, así es como funciona la laringe para producir el sonido.

Cuando respiramos normalmente, el aire pasa por la laringe sin obstáculo. Pero cuando nos proponemos emitir sonido, acercamos entre sí los bordes de los pliegues vocales, de modo que el aire que nos sale de los pulmones tiene que pasar ahora por la abertura estrecha que forman los dos pliegues vocales. Esto hace vibrar los pliegues vocales que, a su vez, producen ondas sonoras. Estas ondas resuenan en el tracto vocal (las cavidades de la garganta y de la boca) para crear el sonido plenamente formado de la voz humana.

Así pues, al nivel más básico, la laringe es un mecanismo vibrador que contiene, en primer lugar, los pliegues vocales, que son los vibradores propiamente dichos; en segundo lugar, un alogamiento de los pliegues vocales; y, en tercer lugar, unos músculos capaces de acercar entre sí los pliegues vocales para que, cuando queremos comunicarnos, los pliegues vibren para producir el sonido.

Pero no olvidemos que la fonación no es la única función de la laringe. La laringe conserva su función primaria de esfínter que sirve para cerrar la traquea, y se cierra del todo cada vez que tragamos o que contenemos la respiración, cerrándose con fuerza para impedir que los alimentos pasen a la tráquea o que se escape el aire de los pulmones.

El movimiento de los pliegues vocales

El alojamiento principal de la laringe es el cartílago tiroides, que podemos palpar al tacto, pues es la «nuez» que está en la parte delantera de la garganta. Los dos pliegues vocales están dispuestos en forma de V en el interior del cartílago tiroides, con la punta de la V unida al cartílago justo por detrás de la nuez. En el otro extremo de la V, los pliegues vocales están unidos a dos partes móviles llamadas cartígalos aritenoides, que están dispuestos en el cartílago cricoides.

Cuando los músculos hacen rotar los dos cartílagos aritenoides, el efecto es acercar y separar los dos lados de la V para cerrar y abrir el espacio entre los pliegues vocales, llamado glotis. Durante la respiración normal. la V está separada de tal manera que la glotis queda abierta y el aire pasa sin obstáculos entre los pliegues vocales. Pero cuando vocalizamos, los dos aritenoides se juntan para acercar entre sí los pliegues vocales y cerrar la glotis. El aire que transcurre entre los pliegues vocales los hace oscilar, y se produce un sonido.

En la vocalización normal, los pliegues vocales se unen en toda su extensión, de modo que el aire que sale de la tráquea los hace oscilar, produciendo un sonido vocalizado normal. Sin embargo, los pliegues vocales también se pueden cerrar de tal modo que queda una ranura abierta al final, donde rotan los cartílagos para acercar los pliegues. El aire que sale de la tráquea puede escapar entonces por esta ranura, provocando el sonido de «susurro» del aire que corre. Esta posición de «susurro» de la laringe permite hablar en voz baja o sin las vibraciones habituales del habla normal.

Los dilatadores y tensores de la laringe

Hay un par de músculos situados a ambos lados de los cartílagos tiroides y cricoides que regulan el tono, inclinando el extremo frontal del cartílago tiroides para apartarlo del cartílago cricoides.

Como los pliegues vocales están unidos por un extremo al cartílago tiroides y por el otro a los cartílagos aritenoides que están sobre el cartílago cricoides, al separar de esta manera los cartílagos tiroides y cricoides se dilatan o se alargan los pliegues vocales, al dilatar los pliegues vocales estos se ponen más tensos y aumenta la velocidad de sus vibraciones, con lo que sube su tono. El juego de estos «dilatadores» es el modo principal por el que subimos y bajamos el tono de nuestra voz en el habla cotidiana y en el canto.

Los mismos pliegues vocales desempeñan también un papel activo en la vocalización, no solo por el hecho de que vibran para producir el sonido, sino porque en la práctica están compuestos de fibras musculares capaces de contraerse, regulando así la longitud y el espesor de los pliegues vocales. Esto afecta de tres maneras a la emisión vocal. En primer lugar, al contraerse, los pliegues vocales se resisten a la dilatación y mantienen así su grosor, produciendo una emisión más plena. En segundo lugar, cuando los pliegues vocales se relajan, y se dejan dilatar pasivamente, esto les permite producir un tono más agudo, con un sonido más de falsete. Por último, al contraerse suavemente, estos músculos son capaces de vibrar de manera más eficaz que cuando están completamente laxos. Esto permite al cantante «enfocar» la emisión e introducir matices sutiles en la producción del sonido.

Los pliegues vocales también son capaces de contraerse con fuerza y de cerrar por completo la laringe, que hace el efecto de un músculo esfínter que bloquea la tráquea e impide que entren en ella el agua o los alimentos. En este juego les asiste otro conjunto de músculos que están inmediatamente por encima de los pliegues vocales, conocidos como músculos tiroaritenoideos; a veces se llama a estos falsas cuerdas vocales, porque no desempeñan ningún papel en la vocalización. Estos dos conjuntos de músculos se conocen con el nombre genérico de tensores de la laringe.

Los músculos intrínsecos de la laringe

Podemos dividir los músculos de la laringe en tres categorías: los que abren y cierran la glotis; los que regulan la tensión o dilatación de los pliegues vocales; y los pliegues vocales mismos.

Los músculos que hacen rotar y deslizar los cartílagos aritenoides abren y cierran la glotis. Los músculos que desplazan los cartílagos tiroides y cricoides el uno respecto del otro son responsables de aumentar la longitud de los pliegues vocales, dilatándolos. Y los pliegues vocales o músculos vocales son capaces de tensarse por su propia acción durante la vocalización.

En la práctica, todas estas funciones se combinan entre sí para producir los diversos sonidos que emitimos con nuestras voces. Por esta razón, los diversos elementos anatómicos que constituyen la laringe tienden a actuar como un todo interrelacionado.

La laringe y la respiración

El funcionamiento de la laringe también está relacionado estrechamente con nuestra manera de respirar. Una verdadera emisión cantada tiene enforque y claridad y se puede sostener fácilmente durante diez segundos o más. Esto se debe a que, cuando cantamos debidamente, la respiración y la laringe se coordinan de tal manera que se regula el flujo del aire, y los pliegues vocales, a su vez, se aproximan mucho, de manera que vibran de manera eficiente y se escapa muy poco aire entre ellos.

Cuando cantamos, e incluso cuando hablamos, no nos limitamos a cerrar los pliegues vocales ante el flujo normal de salida del aire, sino que coordinamos los dos sistemas para producir una emisión sostenida, enfocada a la que se puede dar forma de sonidos musicales.

Cuando la respiración y la laringe funcionan como es debido, actúan juntas automáticamente de tal modo que los pliegues vocales vibran de manera muy eficiente con un mínimo absoluto de presión de aire.

La laringe y el cerebro

Cuando respiramos de manera normal, el sistema nervioso está programado de tal modo que los pliegues vocales se mantienen separados automáticamente, para que podamos obtener sin ningún obstáculo el oxígeno que necesitamos. Pero cuando pensamos en un tono o en un sonido determinados, o cuando queremos comunicar una idea o un sentimiento, esta intención mental se traduce en señales que se transmiten a la laringe y cuyo efecto es juntar los pliegues vocales y regular su nivel de tensión.

Hay que tener en cuenta que no podemos controlar los músculos de la laringe de la manera consciente con que controlamos los dedos o los brazos. La laringe no está diseñada para producir movimientos, sino sonidos; por ello, se rige por la parte del cerebro que oye los sonidos y asocia entre sí diversos sonidos para comunicar pensamientos y sentimientos. La formación vocal consiste, en gran medida, en ser capaces de distinguir las diversas cualidades de emisión que se requieren para el canto, para ser capaces así de regular las funciones vocales que se corresponden con estas cualidades.

La laringe manifiesta una gama y sutileza maravillosa de acción que quizá no tenga igual en todo el cuerpo. Al coordinarse los músculos de la respiración con el cierre de la laringe, entra en juego de la manera más delicada y sutil el mecanismo vibratorio de la laringe. Al activarse los músculos de la garganta, la laringe se apoya en la red muscular de la garganta durante los actos atléticos de dar un do de pecho o de cantar haciéndose oír sobre el sonido de toda una orquesta. Controlando la musculatura delicada de los pliegues vocales, controlamos el tono y producimos matices sutiles del timbre. Y el cerebro orquesta toda esta actividad para producir los sonidos hermosos y expresivos de la voz humana.


Toda la información necesaria para escribir este artículo, así como las imágenes referentes a la anatomía fueron extraídas del libro Your Body, Your Voice de Theodore Dimon ilustrado por G. David Brown.


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