La Garganta del Cantante

Para producir notas en la extensión alta, la laringe actúa de manera muy distinta que en el registro normal «de pecho», y requiere un apoyo mucho más activo por parte de los músculos suspensores. En el habla normal, los hombres y las mujeres característicamente utilizan solo el registro de pecho. Pero el canto requiere el empleo de los registros alto y bajo, que deben coordinarse para alcanzar un dominio pleno del instrumento vocal.

La garganta abierta

Si oyes cantar a un cantante formado, advertirás que su voz tiene una calidad plena, resonante, que parece como si reverberara en el espacio circundante. El cantante abre la boca y el sonido sale sin esfuerzo aparente. Por el contrario, un cantante no formado aplica más esfuerzo para producir menos sonido. Una de las causas principales de esta diferencia es que el cantante formado es capaz de moldear su garganta de tal manera que sirve de resonador eficaz para aumentar los sonidos que proceden de la laringe. De este modo, es capaz de capitalizar el sonido de la laringe aprovechando una economía de escala; con un mínimo de esfuerzo, u sin interferir la acción de la laringe, puede obtener un beneficio máximo a partir de los sonidos que vienen de ella.

Uno de los elementos más cruciales de la formación vocal es saber dar forma al tracto vocal de tal modo que se aumenten de manera eficaz los sonidos que emanan de la laringe. El cantante profesional es capaz de ensanchar y alargar la garganta al cantar, y este elemento (y no solo el apoyo vocal y la vibración adecuada de la laringe) marca la diferencia que permite producir el gran sonido resonante que se oye en las voces de ópera. De hecho, entre tantos puntos polémicos como hay en la pedagogía vocal (cómo funcionan los registros, cómo respirar debidamente, cómo formar la voz), esta es una cuestión en la que hay un acuerdo casi universal: a saber, la importancia de cantar con la garganta abierta.

Los resonadores

La voz humana está formada por tres componentes: el vibrador, la fuente de energía y el resonador. El flujo de aire que sale de los pulmones es la fuente de energía que pone en movimiento los pliegues vocales, y los pliegues vocales son los vibradores que producen las ondas sonoras. Pero, como también hemos visto, las vibraciones de los pliegues vocales no producirían más que un débil zumbido si no existiera un resonador. Estas vibraciones adquieren el timbre rico, pleno y rotundo de la voz humana en virtud de que se aumentan en las cavidades que están por encima de la laringe, o tracto vocal.

El resonador de la voz humana está compuesto de dos estructuras claves: la faringe (o garganta) y la boca. La faringe, que a veces se divide para su estudio en regiones nasal, oral y laríngea, se extiendo desde la región nasal, o velo del paladar, hasta la laringe, y es contigua a la cavidad oral, que se extiende hacia delante hasta los labios.

Cuando las vibraciones llegan a la caja de una guitarra o al pabellón de una trompeta, esta cavidades aportan un espacio en cuyo interior empieza a vibrar el cuerpo de aire, que sirve de resonador para aumentar y redondear los sonidos producidos por las cuerdas de la guitarra o por los labios de trompetista. En la voz humana, la faringe y la cavidad oral cumplen esta misma función, amplificando los sonidos que brotan de la laringe.

Algunas técnicas vocales estudian las cavidades nasales, el paladar, el pecho y el cráneo en relación con la resonancia. Pero es importante no confundir vibración con resonancia. Algunas superficies del cuerpo vibran al cantar; es decir, se puede hacer «resonar» el pecho, el paladar duro y diversos huesos. Pero, técnicamente, un resonador no es un reflector del sonido ni un vibrador, sino que es el cuerpo vibrante de aire del interior de una cavidad, y las únicas cavidades que cumplen una función (y que desempeñan un verdadero papel en el aumento del sonido) son la boca y la faringe. Las cavidades nasales también se consideran resonadores a veces, pero cuando estas cavidades están congestionadas o cerradas deliberadamente, los cantantes siguen siendo capaces de producir prácticamente las mismas emisiones que cuando están abiertas dichas cavidades, con lo que se demuestra que en realidad la cavidad nasal desempeña un papel mínimo en la resonancia vocal.

La función de abrir la garganta

Lo que convierte en única a la voz humana es que, a diferencia de la forma fija del resonador de la guitarra o de la trompeta, es posible modificar o alterar la forma del tracto vocal humano, lo que desempeña un papel crucial para la calidad vocal. Todo resonador tiene unas gamas de frecuencia, o resonancias, máximas, en cuyo intervalo amplifica con mayor eficiencia ciertos armónicos y apaga otros. Si las vibraciones de la laringe no concuerdan con estas frecuencias, se apagarán; si concuerdan, se aumentarán. Aquí es donde interviene la apertura de la garganta.

En el habla normal, no tiene mayor importancia que esté abierta o no la garganta; a la mayoría de nosotros se nos oye hablar bastante bien aunque hablemos con la garganta constreñida. Pero el cantante o la cantante debe hacerse oír en una sala grande, y debe ser capaz de hacerlo durante largos periodos de tiempo sin forzar la voz. Al agrandar el tracto vocal, el cantante «sintoniza» su resonador para que concuerde con la frecuencia de las vibraciones que proceden de la laringe. Así su canto resulta más sonoro y más lleno; también se facilita mucho el canto, pues el cantante no tiene que aumentar el esfuerzo, sino que aumenta, más bien, la eficiencia con la que amplifica los sonidos de la laringe.

Abrir la garganta mejora también la calidad de las paredes de la cavidad de resonancia, lo que altera marcadamente el sonido. Algunas partes del resonador humano son duras (como el paladar duro y los dientes), pero en su mayor parte consiste en membrana mucosa y está formado de tejido muscular. Cuando la garganta está tensa, esta tensión muscular tiende a apagar el sonido, acentuando armónicos no deseables y amortiguando otros deseables. A la inversa, la garganta blanda acentúa los armónicos deseables y apaga los no deseables, produciendo un sonido más rico y más pleno. En suma, el estado de las paredes del tracto vocal afecta notablemente a las características de resonancia del cuerpo de aire que está en el interior de la garganta.

Así pues, abrir la garganta ejerce un efecto espectacular sobre el sonido que produce la laringe. Si la garganta está cerrada y acortada, no constituye un buen resonador, y el sonido queda nasalizado o apagado. Solo cuando se abre y se alarga debidamente la garganta, esta sirve de resonador efectivo y convierte las vibraciones de los pliegues vocales en un producto vocal acabado. Y recordemos de nuevo que el cantante no consigue estas mejoras a base de alterar los sonidos que produce en la laringe, sino con solo cambiar la forma de las cavidades que están por encima de esta. De hecho, muchas de las cualidades que asociamos a una buena voz de canto no se pueden atribuir a la laringe, que funciona de una manera relativamente eficiente hasta en los cantantes no formados, sino a modificaciones del tracto vocal. Con solo dar forma al resonador, el cantante de ópera formado es capaz de convertir el material sencillo y en bruto que le sale de la laringe en un sonido rico y exuberante. Esto hace posible cantar con un esfuerzo mínimo, de modo que, en la práctica, cuesta menos energía producir este sonido mayor que la que tiene que aplicar el cantante menos experto que canta con la garganta cerrada, produce una emisión nasal y se le cansa mucho antes la voz.

La garganta abierta (la laringe baja y la garganta ensanchada)

En la labor de dar forma a la garganta y abrirla intervienen varios elementos. El primero es ensanchar la faringe y alargarla. Dado que los músculos que elevan el tono (los cricotiroides) están asociados estrechamente a los músculos de la deglución, cuanto más sube el tono el cantante, más tenderá a constreñir la garganta. El acto de tragar también está asociado a la elevación y constricción de la laringe, para impedir que bajen los alimentos por la tráquea. La tendencia a elevar la laringe y a constreñir la garganta suele estar integrada en una pauta más general de echar la cabeza hacia atrás y de acortar la estatura, y constituye uno de los usos erróneos básicos de la voz.

Esta constricción de la garganta produce varios efectos negativos. En primer lugar, al elevar la laringe se acorta la longitud del tracto vocal, de modo que el resonador se reduce no solo en diámetro sino también en profundidad. La faringe acortada no concuerda como resonador con las vibraciones de la laringe, de manera que ya no puede funcionar de manera eficaz. En segundo lugar, la tensión en las paredes de la faringe afecta también a la calidad de estas interfiriendo todavía más en la capacidad del tracto vocal para ejercer de resonador eficiente. Por útimo, la acción de los músculos de la deglución no solo está asociada a la elevación de la laringe, sino también al cierre de la válvula de la laringe (incluidas las cuerdas vocales falsas), interfiriendo la acción de los músculos intrínsecos de la laringe y la acción vibratoria de los pliegues vocales.

Al mantener la garganta ensanchada y la laringe baja se obtiene el efecto opuesto, a condición de que la laringe no se deprima activamente. La laringe, en vez de estar constreñida, se mantiene relajada, y en vez de ascender al subir el tono, se mantiene en posición baja. Así se aumenta la longitud del tracto vocal, se relajan las falsas cuerdas vocales y se ensancha el anillo que está por encima de la laringe y que constituye la abertura del tracto vocal. Este alargamiento y ensanchamiento del tracto vocal produce dos efectos. El primero es el de oscurecer los sonidos vocálicos, con lo que a una voz de tenor se le da una cualidad más de barítono, efecto al que se llama aveces «voz cubierta». En segundo lugar, se produce una cavidad adicional cuyas frecuencias de vibración concuerdan mejor con las vibraciones de la laringe, produciendo una nueva punta de resonancia que pernite al cantante hacerse oír en una gran sala de conciertos o sobre el fondo de una orquesta numerosa. Esta resonancia adicional, llamada a veces «formante del cantante», se produce casi por completo a base de alargar y ensanchar la garganta. Entre todos los elementos de la formación vocal, este es quizá el que más transforma el tracto vocal humano en un resonador notablemente eficaz que produce el gran sonido resonante de la voz operística.

El velo del paladar

El acto de bajar la laringe y abrir la garganta está relacionado estrechamente con el velo del paladar. El velo del paladar, o paladar blando, forma una especie de cortina móvil que cuelga en la parte superior de la faringe.

Una de sus funciones principales es cerrarse sobre los alimentos al tragar para impedir que estos entren en la cavidad nasal; cuando se deprime el paladar de esta manera, la laringe se levanta o se eleva de modo que los alimentos no bajen por la tráquea. Cuando bostezamos, o cuando hacemos una inspiración honda, estos movimientos se invierten: el paladar se eleva y se arquea, mientras que la laringe, que forma la parte inferior de la faringe, se baja para aportar un resonador más largo. Cuando tragamos, la garganta se cierra, y la laringe y el velo del paladar se aproximan entre sí; cuando tenemos que abrir la garganta para respirar, se separan entre sí.

Por tanto, el velo del paladar es otro elemento crucial que afecta a la apertura de la garganta y a la forma de esta. Cuando cantamos con el paladar tenso o deprimido, esto está asociado a tener la laringe elevada y la garganta tensa; el paladar arqueado y elevado está asociado a tener la laringe más baja y la garganta más abierta.

Con nuestro estilo de vida malsano, sedentario, tendemos a colapsar el velo del paladar y a entorpecer su flexibilidad natural y su capacidad para abrirse plenamente. Dos ejercicios que resultan especialmente útiles para elevar y tonificar el paladar son tararear con la boca cerrada y bostezar; el cantante puede aprender de manera consciente, sin gran esfuerzo, a elevar los arcos del paladar, a bajar la laringe y a abrir la garganta. Como así se profundiza y se ensancha la garganta, el efecto será oscurecer la vocales, dando más calidad de barítono a la voz de hombre, o de alto a la voz de soprano; por eso se la llama «voz cubierta». En resumen, bajar la laringe y ensanchar la garganta puede afectar espectacularmente a la longitud del tracto vocal, lo que afectará a su vez espectacularmente al sonido.

El bostezo es importante por otro motivo. Muchas personas colapsan de forma crónica el velo del paladar, que pierde flexibilidad y ya no puede arquearse de la manera necesaria para abrir la garganta. Cuando bostezamos, activamos esos músculos con un juego antagónico que les permite dilatarse, como hacemos con todo el cuerpo cuando nos estiramos al levantarnos, proceso que se puede observar en los gatos y en los niños muy pequeños, quienes, al despertarse por la mañana, «bostezan» con todo el cuerpo. Esto tiende a dilatar y a tonificar los músculos y a prepararlos para la actividad. Bostezar también contribuye a devolver el tono y la dilatación a los músculos de la garganta cuando se han quedado tensos después de usar la voz hablada durante muchas horas.

La boca y la mandíbula

También la boca y la mandíbula desempeñan un papel crucial en la misión de dar forma al tracto vocal. El habla normal no exige abrir mucho la mandíbula; sin embargo, para los fines del canto, esta debe abrirse más plenamente, para que el sonido no quede bloqueado y para producir una cavidad oral lo bastante grande para que se dé una resonancia eficaz. El cantante, o el orador, también debe ser capaz de producir sonido sin tensar la mandíbula, y de abrir la mandíbula libremente con todas las vocales sin afectar al equilibrio de la cabeza y sin tensar la lengua, la laringe ni la garganta en general. A muchos cantantes les resulta difícil conseguirlo, por la tendencia a retraer crónicamente la mandíbula.

Dada la importancia de la mandíbula dentro del instrumento de canto, es conveniente familiarizarse con su mecánica básica. La mandíbula o quijada está articulada con los músculos temporales del cráneo, formando la llamada articulación temporomandibular o articulación TM. El movimiento principal que realizamos en la articulación temporomandibular es una acción de bisagra, la que realizamos al abrir y cerrar la mandíbula. Pero esta articulación no es una bisagra pura, sino que «cuelga» de los huesos temporales, lo que permite no solo hacer girar la mandíbula sobre la articulación, sino deslizarla hacia delante y hacia atrás.

Cuando abrimos la mandíbula en el habla normal, esta se limita a girar sobre la articulación TM. Cuando abrimos más la mandíbula, como en el canto, no solo gira sobre la articulación sino que se desliza hacia delante. Resulta útil experimentarla abriendo la mandíbula al máximo, con lo que se tiende a retraerla y se impide que se deslice hacia delante; así se bloquea la articulación TM y se impide que se abra plenamente. Si después abres la mandíbula más suavemente y al mismo tiempo dejas que se deslice hacia delante, sentirás que se abre un orificio justo por debajo de la oreja, y la mandíbula se abrirá más plenamente.

Muchos cantantes tienen la sensación de que no pueden liberar la garganta con facilidad, e intentan aliviar la tensióna a base de mover la mandíbula o de realizar ejercicios para soltar los músculos. Pero, la mandíbula está vinculada íntimamente con los músculos de la parte inferior de esta, y la tensión de la mandíbula suele ser sintomática de un desequilibrio más amplio en esta región. Cuando estos músculos se vuelven tensos, los músculos de la mandíbula se ven forzados a compensarlo tensándose.

Cuando los músculos de la garganta son capaces de liberarse porque la cabeza está equilibrada hacia delante en el cráneo y los músculos de la garganta, en vez de tirar del cráneo, están suspendidos libremente de él, entonces los músculos de la mandíbula no tendrán que contraerse y se liberarán por simpatía. Resulta útil observar entonces si eres capaz de abrir y cerrar la mandíbula sin afectar al equilibrio de la cabeza ni a la respiración; esto contribuirá a resolver algunos de los hábitos dañinos que condujeron en un principio a la tensión de la mandíbula. En suma, la mandíbula se relaja y se mueve libremente cuando está funcionando bien el sistema de sustentación vertical más amplio, del que depende, y cuando somos capaces de dejar en paz este sistema más amplio mientras usamos la mandíbula y producimos sonido.

La lengua

A semejanza de la mandíbula, la lengua está vinculada a la musculatura de la garganta. Cuando no estamos vocalizando, la lengua debe permanecer en la posición de reposo: tocando con la punta los dientes inferiores, con el cuerpo de la lengua arqueado con naturalidad de modo que se apoye en el paladar duro. Naturalmente, al cantar, el cuerpo de la lengua ya no estará apoyado en el paladar duro, sino que descenderá con la mandíbula al abrirse esta, aplanándose y formando una leve ranura. Cuando pasa esto, la lengua debe seguir libre, lo que significa que no debe presionar hacia abajo sobre la laringe.

En esta poscición caída, la lengua adquiere una forma como de megáfono natural; es decir, la lengua se sitúa más alta por detrás y desciendo hacia delante para producir una abertura bastante grande para la boca. Esta no debe ser una posición fija, sino simplemente la forma general que adquirirá la lengua al formar una vocal neutra, o sonido «ah». La lengua no se debe elevar de ningún modo, pues esto produciría una emisión más estridente o nasal, sino que debe caer de manera natural para dejar pasar la emisión. Muchos métodos intentan conseguir la liberación recomendando al estudiante que saque la lengua o que realice otros ejercicios. Pero la lengua, a semejanza de la laringe y de la mandíbula, está vinculada al equilibrio de la cabeza, y la clave de su libertad es establecer un estado coordinado de esta musculatura de sustentación.

La formación de la vocales

Un último componente fundamental para la apertura de la garganta es la formación de las vocales. Si vocalizas sin intentar articular palabras concretas, el sonido saldrá en forma de vocal, como es natural, porque este es el sonido que se produce cuando abres la boca y cantas.

Una vocal es algo más que otro tipo de sonido, como lo son las consonantes; es el sonido concreto de la vocalización, el sonido que creamos cuando producimos una emisión cantada pura sin formar palabras. Naturalmente, es posible producir sonidos vocálicos de diversos tipos; pero siempre que cantas debes formar una vocal de alguna clase, y por eso son tan esenciales las vocales para la producción vocal. Dado que el empleo de la garganta para el canto supone necesariamente la formación de vocales, si quieres tener abierta la garganta debes ser consciente de cómo estás formando las vocales.

Las vocales se relacionan en gran medida con la posición de la lengua, de manera que cuando hablamos de la formación de las vocales, en realidad estamos hablando del empleo activo de la lengua. La lengua forma en la boca una joroba, y el modo en que formamos esta joroba determina en gran medida el sonido vocálico que producimos.

El sonido vocálico más básico (es decir, el que está asociado a una mínima manipulación o forma deliberada de la lengua) es el sonido «ah». Si la producción de la vocal «a» está bien formada, dejará libertad de espacio por arriba y por detrás de la lengua, y la lengua misma no presionará ni hacia atrás ni hacia abajo. Esto permitirá una «sintonización» máxima del resonador con el vibrador; así no solo se vuelve más fuerte y más rico el sonido, sino que mejora la eficiencia y la vibración de los pliegues vocales, por lo que esto constituye una parte del uso correcto del instrumento vocal.

Después de haber aprendido a dejar en paz la lengua mientras se canta una emisión cantada pura, el paso siguiente es descubrir si es posible no interferir en la apertura de la garganta cuando se disgrega el sonido vocálico con la mandíbula, la lengua, los labios y el paladar para formar las consonantes. Esto puede ser todo un desafío, ya que la formación de ls consonantes en el habla cotidiana tiende a estar acompañada del cierre de la garganta. En el canto operístico y clásico, la articulación de determinados sonidos suele estar subordinada a la apertura de la garganta y a la producción general del sonido, lo que exige dejar abiertas las vocales aunque algunas palabras no se pronuncien con toda claridad. Esto no se cumple tanto en otros estilos de canto en los que los cantantes suelen cerrar las vocales y terminan las notas con consonantes, y en los que suele prestarse más atención a la letra que a la producción de la nota. En general, no obstante, no debe comprometerse la producción de la nota por el empleo de los articuladores en la formación de las consonantes; por eso, a las personas que están intentando dejar hábitos de habla dañinos les resulta útil el ejercicio de cantar las palabras.

Otro ejercicio muy útil, tanto para los cantantes como para los oradores, es pronunciar una palabra o una serie de palabras prolongando los sonidos vocálicos. Esto ayuda al cantante (o al orador) a ser consciente de la garganta y a aprender a subordinar la acción de los articuladores (es decir, de la mandíbula, el paladar, los labios y la lengua) a la formación de los sonidos vocálicos, como base para establecer un empleo más consciente de la garganta en el habla cotidiana. También resulta útil, en general, para superar el hábito, que tienen tantas personas, de hablar atropelladamente, y establece un ritmo de habla más expresivo y más natural.

En resumen, si queremos aumentar al máximo la capacidad resonadora de la garganta, tenemos que aprender a formar vocales relativamente abiertas y a aplicar esto a cualquier texto y a cualquier idioma. Cuando el cantante amplía su consciencia para que no solo abarque la boca, sino la totalidad del tracto vocal, ya no piensa que está cantando con la boca, sino con toda la garganta. Como dijo el célebre profesor de canto Manuel García, «el cantante debe considerar que su verdadera boca es la faringe».

La garganta y el sistema vertical

Dado que los músculos de la garganta están sometidos en gran medida a control consciente, es posible aprender de manera consciente muchos de los elementos que intervienen en la apertura de la garganta, como son arquear el paladar y bajar la laringe. Pero si bien es posible (y útil) centrarse en aspectos específicos de la apertura de la garganta, la tendencia general es a cerrar la garganta por el uso erróneo general y el colapso del ógano vocal, y a esto se debe que suelan resultar inadecuados los intentos directos de abrir la garganta. La tensión y el estrechamiento de la garganta forman parte de una pauta más amplia de tensión y de colapso en el órgano vocal; la clave para abrir y liberar las estructuras de la garganta es el estado alargado de la cabeza y del tronco, en el que la garganta cuelga libremente en vez de tirar del cráneo hacia abajo. Esto permite que la laringe esté suspendida libremente, de modo que no esté inmovilizada hacia atrás, hacia abajo ni hacia arriba; permite que la garganta esté abierta y blanda; que el paladar esté móvil y flexible; que la mandíbula esté suelta, y que la boca y los labios estén relajados. Todas estas condiciones forman parte de nuestros sistemas inherentes de sustentación; la clave del tracto vocal no es la garganta, sino nuestro diseño vertical.


Toda la información necesaria para escribir este artículo, así como las imágenes referentes a la anatomía fueron extraídas del libro Your Body, Your Voice de Theodore Dimon ilustrado por G. David Brown.


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