La Colocación

Abrimos la garganta bajando la laringe y ensanchando la faringe, elevando el paladar y ablandando las paredes musculares de la garganta. Todos estos factores contribuyen a «sintonizar» el tracto vocal con las vibraciones que emanan de la laringe, proporcionando un resonador eficiente que aumenta los sonidos de la voz. Un componente de la voz que resulta familiar a los vocalistas y que se enseña prácticamente en todas las escuelas de canto es la colocación.

¿Qué es la colocación?

La colocación es un concepto esotérico. Se refiere a la capacidad del cantante de «dirigir» el sonido a determinados puntos del cuerpo. El profesor dice: «coloca la emisión hacia delante», «canta hacia la máscara», empleando un lenguaje extraño que solo entienden los iniciados.

Pero, ¿qué es la colocación, exactamente? La laringe contiene unos músculos intrínsecos que son capaces de producir cambios sutiles en las configuraciones de los pliegues vocales. Además, la laringe está suspendida en un entramado muscular que puede tirar de ella en diversas direcciones y sentidos. Cuando cantamos, debemos afectar a estas tensiones para producir una emisión plenamente redonda y resonante. Actuamos sobre estos músculos siempre que hablamos, pero lo hacemos de una manera más bien inconsciente, y no con el objetivo de optimizar la emisión. El cantante debe ser capaz de ajustar conscientemente estos músculos con el fin de producir una emisión cantada rica en calidades tímbricas y de resonancia.

No obstante, a diferencia de los músculos relacionados con la apertura de la garganta, que están sujetos en gran medida al control consciente, no tenemos un control directo sobre aquellos músculos. que entran en juego en respuesta a nuestra intención de producir sonido o de comunicarnos. La única manera que tenemos de actuar sobre ellos es pensando en el sonido o cualidad resultante que parecen producir, que solemos oír como una manera de vibración centrada en una parte determinada del cuerpo. A base de experimentar con estas diversas maneras de vibración y de resonancia (lo que procuramos pidiendo al estudiante que «dirija» el sonido hacia una ubicación determinada, asociada a un tipo determinado de vibración), el cantante puede influir en estas funciones, y con el tiempo adquirir un control sobre ellas; es lo que llamamos colocar la voz.

La colocación es un modo de despertar determinadas funciones de la laringe y de la garganta a base de intentar reproducir las sensaciones vibratorias asociadas a dichas funciones. Como no podemos conseguir esos efectos controlando músculos de manera consciente o directa, trabajamos a la inversa, pensando en el efecto para despertar la causa. Este concepto es difícil de captar, porque cuando hablamos, por ejemplo, de colocar la emisión en los dientes, en realidad no estamos haciendo vibrar los dientes, sino que estamos afectando a la acción vibratoria de la laringe. Pero como no podemos afectar directamente a la laringe, aunque sí podemos percibir el efecto de esta que hace vibrar los dientes, accedemos a esta función a base de sugerir el efecto, y trabajamos a la inversa, del efecto a la causa.

El lenguaje metafórico

El cantante tiene diversos puntos de colocación y diferentes modos de colocar la voz. Por ejemplo, si piensas en cantar con una especie de cualidad nasal, o si diriges el sonido a un punto delante de la boca, de modo que la emisión se vuelve menos soplada y más «enfocada», estos son formas de colocación.

Lo difícil de la enseñanza del canto es encontrar maneras de comunicar a otra persona el modo de conseguir estas diversas cualidades; los profesores suelen hacerlo diciéndote que apuntes o «dirijas» el sonido a una parte determinada de la cara, del cuello, de la cabeza o del pecho. Este tipo de instrucciones no tienen un sentido literal sino metafórico; no es posible colocar la emisión en los dientes delanteros ni en la parte superior de la cabeza. Pero aunque el concepto pueda parecer impreciso desde el punto de vista científico, representa un concepto muy concreto y muy identificable, ya que ejerce un impacto directo e inmediato sobre el modo de funcionar de la laringe.

Cuando hablamos, no tiene tanta importancia cómo colocamos la voz; en el canto, hasta el pensamiento más sutil puede marcar una diferencia crucial entre una voz débil, soplada, y un hermoso sonido resonante. La colocación es el ajuste fino que integra en un todo bien coordinado muchos de los componentes del instrumento de canto; cuando el cantante encuentra por primera vez la colocación correcta, es como si la voz llenara la sala y flotara por el aire; parece como si el sonido no saliera de la voz, sino de la sala misma.

Se han realizado muchas investigaciones dirigidas a explicar cómo funciona la laringe y cómo son capaces los cantantes de producir unos sonidos tan impresionantes. Paradójicamente, las explicaciones científicas concretas de la función vocal tienen una aplicación limitada en la formación práctica, día a día, de la voz del cantante; un buen profesor de voz suele ser capaz de oír unas cualidades que no se captan ni con los instrumentos científicos más sofisticados. También es difícil someter a pruebas científicas el lenguaje metafórico de la formación vocal. No obstante, es muy real para los que lo emplean; es una especie de lenguaje artístico que nos conecta con la capacidad de coordinar y de activar elementos latentes del arte vocal.

La colocación y la cara

Otro elemento clave de la colocación de la voz, que muchos profesores de canto subrayan de una manera o de otra, es alegrar los ojos y tonificar los músculos faciales. A muchos novicios esto les parece bastante innecesario, e incluso una tontería. Pero estos músculos son fundamentales para la voz por dos motivos. En primer lugar, el acto de pensar en los músculos faciales ejerce un efecto muy concreto sobre los músculos de la laringe. Así pues, puede que el «dirigir» los músculos faciales parezca un concepto difuso, sin relación con la voz, pero en realidad ejerce un efecto muy concreto sobre la laringe y sobre su funcionamiento.

En segundo lugar, el colapso de los músculos suspensores de la garganta suele estar asociado al habla gutural, a la pérdida de afecto y a la actitud mental negativa. El acto de pensar en los músculos faciales está asociado, por acción refleja, a una potenciación de la energía, y tiende a activar los músculos suspensores de la laringe y a abrir la garganta, mejorando espectacularmente en muchos casos la energía y la calidad de la voz.

La colocación y sus efectos

La colocación afecta a todos los aspectos del ógano vocal. Cuando la voz está bien colocada, los pliegues vocales vibran con más eficiencia, y los diversos músculos suspensores entran en juego de manera más activa. Producir nasalidad, a base de tararear con la boca cerrada o de colocar la voz en lo alto de la cabeza, tiende a activar el paladar. La colocación hacia delante tiende a enfocar la emisión; la colocación en el pecho tiende a liberar las cuerdas vocales mismas.

Uno de los elementos claves que buscan los profesores en la colocación de la voz es una especie de «repique» o de cualidad metálica, que significa que los músculos suspensores están sustentando la laringe. Este timbre metálico se oye como un brillo de la voz, y se asocia a la activación de un registro alto o falsete apoyado que puede convertirse con más facilidad en una voz de cabeza; cuando el cantante es capaz de mantener esta cualidad mientras canta en la extensión baja, la voz de pecho se vuelve menos gutural, la voz de habla se aligera y los músculos de la garganta tienden a abrirse y a relajarse.

La colocación afecta también a la respiración y al apoyo. Dado que la laringe se coordina con la respiración por acción refleja, colocar la voz tiende a producir mejor apoyo. Como dijo Husler, «la laringe que funciona debidamente regula y entrena en gran medida (por medio del oído) a los músculos respiratorios necesarios para el canto. Dicho en el lenguaje de los cantantes, para que la voz esté «bien apoyada», debe estar «bien colocada».

Así pues, la colocación afecta a la condición de la garganta y de los resonadores; no porque controlemos directamente la laringe ni la garganta, sino porque (a) la laringe vibra de manera más eficiente; (b) los músculos suspensores entran en juego y asisten a la acción vibratoria de la laringe, y (c) la garganta está mejor sintonizada con la frecuencia de las vibraciones de la laringe y funciona con más eficacia como resonador.

Resonancia y colocación

Dado que la colocación se asocia a la vibración de determinadas partes del cuerpo, muchos cantantes creen que verdaderamente están haciendo resonar las partes del cuerpo donde se dirige la voz. Pero, como ya hemos visto, en realidad solo pueden servir de resonadores la garganta y la cavidad oral; otras zonas, como el pecho o el paladar, no resuenan verdaderamente. Pero estas zonas ejercen de puntos de atención que nos permiten influir en la función vocal. Al «colocar» la voz en el paladar no se crea verdaderamente una resonancia nueva, pero es una manera de activar los sentidos cinestésicos y táctiles asociados a determinadas funciones musculares y a determinadas regiones sensoriales. Esto, a su vez, activa funciones determinadas de la laringe y de la garganta.

Por tanto, la colocación no es una cuestión de resonancia per se, sino de activar el funcionamiento de la laringe y de los músculos que la sustentan; es un proceso de pensamiento que constituye una de las habilidades centrales de la pedagogía vocal. Como estas cualidades son difíciles de captar, y a veces es más fácil que las capte un oyente externo, para aprender a colocar la voz suele ser precisa la ayuda de un entrenador vocal que tenga bien desarrollada la capacidad de escucha y que sea capaz de aportar al estudiante la orientación que él no puede darse a sí mismo.

La colocación y nuestro diseño vertical

Dado que resulta relativamente fácil realizar cambios inmediatos en la función vocal aprendiendo a colocar la voz, muchos cantantes consideran que el arte de la colocación es equivalente al buen uso vocal. Pero en un instrumento que funciona perfectamente, la voz ya está colocada; es decir, sus funciones están equilibradas de tal modo que no es conveniente que afectemos a funciones específicas empleando conceptos de colocación determinados. Esto se debe a que la voz tiende a funcionar mejor cuando el andamiaje muscular está sustentando activamente a la laringe y cuando la laringe está suspendida libremente en este red; es decir, cuando el tronco se está alargando, la cabeza está equilibrada libremente sobre la columna y la garganta está suspendida libremente del cráneo. El elemento más crucial de la colocación es el funcionamiento coordinado del sistema más amplio, del que dependen las funciones específicas.


Toda la información necesaria para escribir este artículo, así como las imágenes referentes a la anatomía fueron extraídas del libro Your Body, Your Voice de Theodore Dimon ilustrado por G. David Brown.


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