Elementos de Apoyo y Producción del Sonido

Como el acto mismo de cantar, producir una espiración controlada es un acto total y coordinado; pero dado que en él interviene una serie de elementos, resulta útil dividirlo en los componentes que lo constituyen. Así resulta más fácil aprenderlo, y se desmitifican elementos de la voz que a muchos les parecen más bien sutiles e inaccesibles.

La cara y la garganta

Aunque parece que el control de la espiración es primordialmente una cuestión de respiración, en realidad está relacionado estrechamente con la cara y con la garganta por varios motivos. En primer lugar, la producción vocal está influida directamente por el tono de los músculos de la cara y de la garganta. Muchos usuarios de la voz, con el tiempo, se vuelven guturales o desarrollan otros problemas vocales; para usar bien la voz, el sonido debe «colocarse» de modo que no se sobreutilice la garganta. Para muchos cantantes, colocar bien la voz se convierte en algo instintivo, de tal modo que mantienen la voz ligera y la garganta abierta hasta cuando hablan.

En segundo lugar, solemos colapsar la garganta y el paladar cuando dormimos con la boca abierta, cuando estamos repantigados ante un ordenador o sentados en el sofá, y al hablar de manera gutural y colapsada. Pensando en la cara y en la garganta, contribuimos a mantener el apoyo muscular y el tono de la garganta y del mecanismo vocal en su conjunto. Esto es instintivo para muchos cantantes formados, que tienden a mantener un tono saludable y juvenil en los músculos de la garganta y en los faciales hasta una edad muy avanzada.

Nuestra manera de emplear los músculos de la garganta y los faciales también está relacionada directamente con nuestra actitud mental. Muchas personas se vuelven cada vez más serias y preocupadas con la edad, lo que suele significar una pérdida de energía o colapso de la garganta y del órgano vocal. Cuando estamos inquietos o preocupados, o hipnotizados ante una pantalla de ordenador, o simplemente serios, fruncimos el ceño, entrecerramos los ojos y los «endurecemos», y tendemos a emplear la voz de una manera gutural. Para usar bien la voz, es importante mantener una actitud mental positiva para contrarrestar la tendencia a fruncir el ceño y a estar demasiado serios. Alegrando la cara y los ojos podemos invertir esta tendencia y mejorar mucho nuestro estado de ánimo y nuestra actitud mental, lo que en muchos casos se consigue en cuestión de minutos. Con la práctica, podemos aprender a identificar nuestros estados de ánimo y nuestros estados emocionales que se asocian al uso de los músculos faciales y de la garganta.

No es difícil pensar en la cara y en los ojos, y esto se puede hacer de varias maneras. En primer lugar, podemos pensar simplemente en suavizar o alegrar los ojos, lo que tenderá a tonificar los músculos que los rodean. También es útil pensar en algo gracioso, a condicion de que no fuerces la sonrisa, lo que tiende a poner rígidos los músculos que elevan los labios; una sonrisa auténtica sale de los ojos, y se estimula de manera más natural pensando en algo humorístico o conmovedor, o mirando a los ojos a otra persona, lo que suaviza los propios.

También es fundamental para el buen uso vocal tonificar los músculos de las mejillas. Apóyate la punto de los dedos en los pómulos y sonríe; obseva cómo se hinchan los mejillas. Si no sonreímos lo suficiente, o si nos encontramos habitualmente en un estado de ánimo deprimido, a veces esta zona pierde tono y se amortece. Elevando las mejillas y alegrando los ojos podemos sensibilizar y tonificar estos músculos, lo que contribuye a «levantar» la cara. Los cantantes expertos suelen tener mucha práctica en este sentido y mantienen el tono muscular saludable y la juventud de la cara hasta una edad muy avanzada.

Cuando pienses en alegrar los ojos y en tonificar las mejillas, acuérdate de no elevar las cejas ni tensar los músculos de la frente. Esto puede parecer difícil al principio, pero si te apoyas la palma de la mano en la frente mientras haces el ejercicio, este contacto táctil te aportará un control inmediato de lo que estás haciendo y te hará más fácil dejar relajados los músuculos de la frente.

Tonificar los músculos de las mejillas también tiende a activar los orificios nasales y los «músculos de la mueca». Aunque no te interese hacer muecas ni dilatar las aletas de la nariz cuando cantes, resulta útil experimentar con estos movimientos como medio para activar los músculos y abrir la garganta. También se activan y se vivifican los orificios nasales inspirando aire por la nariz muy despacio, como si estuvieras saboreando el suave olor de una rosa o poniendo bajo los orificios nasales una hierba de olor penetrante y aspirando suavemente su olor.

También es crucial para la vocalización aprender a abrir la garganta. Si tarareas de garganta con la boca cerrada y abres depués la boca sin modificar el tarareo, descubrirás que tienes la garganta más «abierta» y el paladar más arqueado que cuando cantas con la boca abierta. Esto, muy grosso modo, es lo que significa tener la garganta abierta, y por eso muchos cantantes calientan la voz a base de tararear de garganta.

Otra manera de abrir la garganta es bostezar. El bostezo tiende a elevar el paladar y a arquearlo; también es el medio al que recurre la naturaleza para estirar y tonificar la garganta. Podemos apreciarlo en los gatos, que, al despertarse, estiran y tonifican los músculos de la garganta bostezando. Como nuestras gargantas tienden a quedarse constreñidas de manera habitual, resulta útil experimentar con los bostezos. Pero no se deben forzar ni exagerar; hay que dejar que se produzcan de manera natural.

Para abrir la garganta también podemos cantar con un estilo apasionado o «pomposo», lo que tiende a abrir la garganta de manera natural. Muchos de nosotros usamos nuestras voces de una manera inhibida y no nos sentimos cómodos cantando de esta manera; resulta útil entonces experimentar con vocalizaciones «tontas» o juguetonas, o fingir que eres otra persona.

Por último, también resulta útil oír a los cantantes y usuarios de la voz que cantan con la garganta abierta. Oír buen canto operístico y clásico nos sintoniza el «oído» con el buen uso vocal, y nos ayuda a distinguir con mayor facilidad el canto libre y con garganta abierta del uso vocal cerrado y forzado.

Después de habernos familiarizado con los ejercicios que acabamos de citar, es útil hacer experimentos para descubrir el modo en que afectan a la emisión vocal. Muchas personas tienen una manera de hablar gutural y pesada, asociada a estados de seriedad o preocupación; con la práctica, resulta fácil identificarlo y aprender a desarrollar una mejor colocación y «ligereza» vocal, pensando en los ojos, las mejillas y los orificios nasales. Al principio, cuando cantamos o hablamos de esta manera nos sentimos vulnerables; pero a base de hacer experimentos se vuelve más fácil, e incluso divertido. Con la práctica, levantar y activar los músculos de la cara y de la garganta puede ejercer un efecto profundo e inmediato sobre la calidad y la producción vocal.

La espiración controlada

Un modo sencillo de entender la espiración controlada es concebirla en términos de no contener la respiración. Cuando vas a levantar un objeto pesado, o te dispones a hablar, advertiras que la primera reacción es ponerse rígidos y contener la respiración. Si en el momento en que empiezas a contener la respiración te detienes y dejas salir despacio el aliento por los labios o entre los dientes, estás llevando a cabo una espiración controlada. Controlar la espiración de esta manera nos permite apartar la atención de tomar el aliento o de contenerlo (que es la tendencia universal) y centrarnos, en cambio, en dar salida al aliento; es decir, en no ponernos rígidos ni contener la respiración.

La espiración controlada, realizada de este modo, se puede sentir de una manera sencilla, directa e intuitiva, libre de complicaciones y de tecnicismos innecesarios. La mayoría de los estudiantes pueden captar directamente el concepto de no contener la respiración, de dar salida al aliento despacio como manera de liberar las costillas con suavidad; el efecto calmante que acompaña a esta liberación es también un componente agradable, fácil de sentir y de apreciar.

Existen varios modos de realizar una espiración controlada: soplando entre los labios, silbando entre los dientes, saltando el aire despacio por la nariz (como produciendo un sonido de «nnn») y susurrando. Cualquiera de estos sistemas da resultado como procedimiento de reeducación; soplar entre los labios es, en muchos sentidos, el más accesible y el menos complicado, ya que no pone en juego la garganta y los alumnos lo aprecian con facilidad.

Al realizar una espiración controlada, es fundamental no manipular de ninguna manera la respiración. Al realizar una sere de espiraciones controladas, el acto mismo de pensar en respirar de esta manera lleva a muchos estudiantes a empezar por tomar aliento, para después, durante las inspiraciones subsiguientes, tomar una bocanada larga y lenta de aire como preparación para la espiración siguiente. Pero inspirar lentamente de esta manera es «hacer» algo, y significa que nos estamos preocupando subconscientemente por el hecho de tomar aliento, que es justamente lo que intentamos evitar. Solo es posible realizar una verdadera espiración controlada cuando reconocemos con franqueza que estamos empezando a tomar aire, nos detenemos cuando detectamos este deseo de tomar aire y, dejando que se produzca un ritmo respiratorio normal, nos centramos solo en la espiración y no en la inspiración. Cuando lo hagamos así, el aire entrará relativamente aprisa, y no despacio.

Una forma de comprobar si has empezado a manipular la respiración es emprender una serie de espiraciones controladas y detenerlas sin más en plena serie dejando que el aliento entre y salga de manera normal durante varias respiraciones, sin intentar controlar la espiración de ningún modo. Si cuando vuelves a empezar a realizar una espiración controlada sientes que tomas más aire para prepararte para la espiración controlada del que tomabas durante la respiración normal, puedes tener la seguridad de que estás haciendo demasiado. Lo que se pretende es no centrarnos en la respiración (cosa que la mayoría de nosotros tendemos a hacer a nivel subconsciente en cuanto empezamos a pensar en espirar o en hablar), sino en la coordinación corporal y en la espiración, lo que garantiza que estemos permitiendo que las costillas se expandan y se contraigan como es debido.

Al impedir de este modo el tomar aliento, al principio tendremos espiraciones superficiales que solo durarán un segundo o dos; pero no debemos preocuparnos por ello. Si insistes en producir una espiración larga y lenta, podrás conseguir una salida de aire más larga, pero no haras más que interferir todo el proceso, preparándote para tomar aliento y después produciendo tensión durante la salida de aire. La única manera de soltar de verdad las costillas y el diafragma es evitar tomar aliento; esto producirá el resultado indirecto de una respiración más profunda y de una espiración más larga. También pasa a veces que, cuando se van produciendo mejoras, parece que en algunos momentos la respiración cesa por completo durante un periodo de cinco segundos, o incluso de diez. Esto significa que el diafragma se está relajando y ascendiendo plenamente, y que ya no se está conteniendo la respiración. Cuando vuelvas a respirar y a tomar aliento de nuevo, te aparecerá una pauta de respiración nueva y menos trabajosa en lugar de la pauta de respiración anterior.

Al realizar espiraciones controladas, también resulta útil cerciorarnos de que estamos inspirando por los orificios nasales. En la respiración y en el habla normales tendemos a tomar aire por la boca; hacer que el aire entre por la nariz, evitando conscientemente la tendencia a tomar el aire por la boca, tiende a restaurar una pauta de respiración normal. Siempre que tomemos aire, deberá entrar por la nariz como norma general, aunque estemos realizando una espiración controlada o hablando por la boca.

Por último, asegúrate de no convertir la espiración controlada en un suspiro, colapsándote durante la espiración, que puede parecer relajada pero que en realidad es un colapso del pecho que tiene poco que ver con la producción vocal coordinada. Solo es posible producir una verdadera espiración controlada teniendo la intención clara de prolongar la salida del aire de una manera regular, a la vez que se mantiene un estado coordinado y energizado del sistema muscular.

La «ah» susurrada

El elemento que nos falta de la «ah» susurrada, y que es crucial, es controlar la espiración susurrando, lo que hace entrar en juego a los músculos de la laringe, acercándonos así un paso más a la vocalización efectiva. Cuando controlamos la espiración a base de susurrar, estamos creando todos los elementos de la vocalización (la espiración controlada y la aproximación de los pliegues vocales necesaria para la vocalización), pero sin los hábitos dañinos que suelen ir asociados al habla o al canto.

Pero, dado que en la «ah» susurrada intervierne la garganta, resulta más compleja y requiere más atención a los detalles que una simple espiración controlada entre los labios o entre los dientes. Cuando una persona conrriente produce una «ah» susurrada, tenderá a producir más bien un sonido de «hu» algo gutural. Pero si no comienzas el sonido por la «h» aspirada, y si tienes claro que el sonido vocálico que quieres producir no es una «uh» sino una «ah», la espiración será más ligera y la garganta estará más abierta; precisamente a esto se debe que en la «ah» susurrada se emplee la vocal «a». Al realizar una «ah» susurrada, es importante que el sonido se conciba claramente como una vocal «a».

Al producir este sonido, también es importante concebirlo como una comunicación, como si estuvieras diciendo la «ah» a alguien. Con solo acercar entre si los pliegues vocales o los labios durante la espiración, es posible impedir que se escape el aire, haciendo así mas lenta la espiración. Pero esto se acerca más a una espiración normal que a una espiración controlada. La única manera de controlar verdaderamente la espiración es tener la intención de prolongar la salida del aire o de producir sonido, lo que activa la acción refleja de las costillas y del diafragma y tiene como resultado un control automático del flujo de salida del aire. Así, la «ah» susurrada se pone en marcha por nuestra intención mental; como en toda comunicación vocal, debemos tener clara nuestra intención para producir un buen resultado.

Finalmente, procura no comenzar el sonido susurrado de manera brusca. Si tomas aire y, después, como haciendo una pausa, sientes que el aliento «choca» en los pliegues vocales cuando comienza la «ah» susurrada, esto significa que has contenido levemente la respiración y te has quedado fijo como preparación para producir el sonido susurrado. En vez de ello, piensa en comenzar el sonido antes de haber completado la inspiración, de manera que estés comenzando el susurro antes de haber terminado de tomar aire. Así se aparta la atención de preparase a base de mantener la respiración, y se mantiene la atención donde debe estar, en la espiración.

Recuerda, por último, que la «ah» susurrada no es un ejercicio de respiración, sino una manera de «pensar en actividad», dirigida a evitar los hábitos dañinos asociados a la respiración y a la vocalización. Al establecer el funcionamiento coordinado del sistema muscular como base para producir el sonido, nos encontramos en condiciones de observar los hábitos dañinos y de evitarlos, y de establecer buenos hábitos por este mismo proceso. Realizar la «ah» susurrada como ejercicio de respiración es absolutamente contraproducente, pues pensar en tomar aliento o en manipular el aliento de cualquier modo es precisamente lo que queremos evitar.

Si eres capaz de realizar con éxito la «ah» susurrada, descubrirás que ejerce un efecto saludable sobre todo el organismo y que contribuye a establecer condiciones saludables de respiración, posibilitando soltar las costillas y el diafragma, evitando tomar aire por la boca y coordinando la laringe con la respiración. Así se calma el sistema y se mejora la actitud mental. También se mejora la circulación, lo que contribuye, a su vez, a oxigenar la sangre y a expulsar dióxido de carbono. Así pues, aun antes de que hayamos aplicado este procedimiento a la vocalización, ya nos habrá mostrado sus beneficios en el establecimiento de un flujo respiratorio libre, evitando tomar aliento y ampliando la espiración sin tensión ni colapso. Aplicándolo a la vocalización, constituye la base para prepararse para vocalizar sin tomar aire y para extender de manera natural la espiración como base para el verdadero apoyo vocal.


Toda la información necesaria para escribir este artículo fue extraída del libro Your Body, Your Voice de Theodore Dimon ilustrado por G. David Brown.


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