Cómo Impedir la Pauta Básica del Uso Erróneo

La voz no se reduce a a laringe, sino que funciona como un sistema total en el que interviene la cabeza, los músculos del cuello y de la garganta y los músculos que sustentan el tronco. Aunque los métodos vocales pueden mejorar aspectos específicos de la voz, si se está interfiriendo en este sistema más amplio, como suele hacerse casi siempre, el primer paso que hay que dar es restaurar el sistema, y después volver a aprender a hablar o a cantar sin interferir en él. Debemos recordar también que esto no se puede conseguir a base de ejercicios, por la simple razón de que la realización de los ejercicios pondrá en marcha esas mismas tendencias dañinas que queremos eliminar. Por este motivo, el primer paso para acercarnos a un uso vocal equilibrado y libre de esfuerzos es mejorar el estado general del sistema muscular más amplio del que depende la producción vocal; el paso siguiente es aprender a dejar en paz el sistema mientras activamos los órganos básicos del habla y del canto.

Restaurar el sistema natural

El órgano vocal no está localizado en un punto, sino que forma parte de un sistema total organizado por la relación de la cabeza con el tronco, y que está sustentado elásticamente en este contexto por músculos que actúan sobre la laringe y el tronco con juego antagónico. Aunque al nivel más evidente el uso erróneo vocal estriba en la garganta y en la laringe, debemos entender antes de nada que el uso erróneo de la voz estriba siempre en una interferencia de este sistema más amplio.

Por ejemplo, si observas al típico cantante de rock an roll ante el micrófono, verás que, si bien tensa la garganta al cantar, esto forma parte de una pauta más amplia de tensión en la que intervienen los músculos del cuello, que se tensan tanto que la cabeza es arrastrada hacia atrás; interviene el pecho, que está constreñido y colapsado; e interviene todo el tronco.

Los hábitos del habla suelen ser más sutiles que todo esto, pero la mayoría de las personas hacen un uso erróneo de la voz al hablar de una manera muy semejante a la del cantante de rock and roll, solo que de un modo menos exagerado.

Como la vocalización supone tensar los músculos del cuello, elevar el pecho, fijar las costillas y tensar y colapsar la garganta, la única manera de restaurar el funcionamiento debido de la voz es poner el cuerpo en una posición sustentada que permita a esos músculos soltarse y recuperar la elasticidad, de tal modo que los músculos puedan volver a sustentar las estructuras vocales con juego antagónico.

Esto se puede hacer tendiéndose en una posición semisupina, apoyando la cabeza en unos libros,

o adoptando una postura de ventaja mecánica en la que se anima a las partes del cuerpo a separarse unas de otras, de modo que los músculos puedan recuperar la elasticidad.

Cuando hacemos esto, los músculos del cuello se liberan, los músculos de la espalda se vuelven más elásticos y las costillas se mueven con libertad, y la garganta se libera. Pensando en que las partes del cuerpo actúan por oposición, los músculos que suelen estar acortados de manera habitual pueden soltarse, estableciendo la elasticidad muscular de la espalda, del tronco y de las piernas, que es la base del verdadero apoyo del instrumento vocal.

Es importante comentar que este proceso requiere tiempo y que no se puede precipitar. Una cosa es poner palabras por escrito, y otra cosa mucho más difícil es expresar su trascendencia y las experiencias que se encierran detrás de esas palabras. También es importante comentar que el paso más crucial de este proceso es restaurar el sistema vocal aprendiendo a hacerse conscientes de la relación cabeza-tronco y fomentando la elasticidad de los músculos que sujetan el cuerpo en su conjunto.

Cómo evitar la pauta de uso erróneo

Una vez que has empezado a restaurar el sistema, el paso siguiente es ver si eres capaz de vocalizar sin invocar la pauta dañina de tensión. Un medio muy útil para ello es pronunciar unas cuantas palabras tendido en la posición senisupina, y observar entonces lo que les pasa a tu cabeza y a tu tronco. ¿Has echado la cabeza hacia atrás, has tensado el pecho o has arqueado la espalda? Puede que al principio no detectes ninguno de estos hábitos dañinos; pero, después de experimentar un poco, puedes empezar a percibir que estás aplicando un esfuerzo innecesario. A base de experimentos y exploraciones, descubrirás que es posible aplicar mucho menos esfuerzo y, al mismo tiempo, empezar a impedir esta interferencia innecesaria en el sistema muscular al vocalizar.

Observa también lo que pasa cuando terminas de decir una o dos frases. Quizá adviertas que tenías la espalda arqueada y que ahora puede soltarse, o que has tensado los músculos del cuello y has tirado de la cabeza hacia atrás sin darte cuenta de que lo has hecho así. Cuando intentes hablar de nuevo, quizá puedas advertir estas tendencias en el momento en que se produzcan, y ser capaz de impedirlas. Aunque estar tendido de esta manera no es la postura idea para vocalizar, puede resultar útil, por que el contacto de tu espalda con el suelo y de tu cabeza con los libros te brinda ocasión de ver los modos en que interfieres, y de evitarlos.

Después de experimentar en la posición semisupina, prueba a vocalizar estando sentado y de pie. ¿Adviertes una tendencia a elevar el pecho para tomar aliento entre las frases, o a tensar los músculos del cuello? Toda señal de esfuerzo es indicativa de que estás interfiriendo la acción del instrumento vocal; aprender a aplicar cada vez menos esfuerzo es la clave para usar el sistema de una manera coordinada, equilibrada, y para aprender a hablar sin gastar un esfuerzo innecesario ni cansar la voz.

Los orificios nasales

El paso siguiente es aprender a emplear los músculos de la mandíbula, de los labios y de la garganta sin afectar al equilibrio general ni a la coordinación del sistema más amplio. Como el uso erróneo de estas partes está relacionado estrechamente con el acto de hablar, sirve de poco intentar relajar directamente estas partes, ya que las tensiones erróneas forman parte de la pauta más amplia de uso erróneo, y volverán sin más con el acto de hablar. Como primer paso, es necesario no hacer nada y, en vez de intentar realizar mejoras directas, ver si es posible abrir la mandíbula sin alterar el equilibrio de la cabeza.

Una manera muy útil de conseguir esto es respirar libremente por los orificios nasales. Cuando respiramos por la nariz, la lengua debe formar con naturalidad un arco en la boca, de tal modo que el cuerpo de la lengua está en contacto con el paladar duro y cierra el paso del aire por la boca, produciendo un cierre oral. Cuando la boca se encuentra en esta «posición de reposo» natural y estás respirando libremente por los orificios nasales, esto significa que estás dejando en paz la mandíbula, los labios, la lengua y la garganta. Así pues, ser activamente consciente de este modo del paso de la respiración por los orificios nasales aporta un buen punto de partida para la no interferencia de la voz.

Para hacer experimentos en este sentido, pasa algunos minutos tendido en la posición semisupina, asegurándote de que tienes el cuello libre, la cabeza reposando sobre los libros y la espalda plenamente apoyada sobre el suelo. Advierte la entrada y la salida del aire por los orificios nasales. Cuando te hayas cerciorado de que estás dejando bien en paz el sistema, prueba a abrir la mandíbula mientras sigues respirando por la nariz. Abrir la mandíbula es uno de los elementos del habla y por ello está asociado estrechamente con la pauta básica del uso erróneo; si eres capaz de abrir la mandíbula sin alterar el equilibrio de la cabeza y sin afectar al flujo de entrada y salida del aire por los orificios nasales, ya habrás dominado un componente crucial del habla coordinada y eficiente.

Cuando seas capaz de mover cómodamente la garganta sin interferir el flujo del aire por los orificios nasales, prueba a mover la lengua, los labios y los músculos de la cara. Si eres capaz de hacerlo sin interferir en tu respiración ni en tu sistema muscular general, habrás avanzado bastante por el camino que conduce a poder hablar de manera coordinada, y podrás empezar a aplicarlo en el habla cotidiana.

Reconstruir los elementos del habla

El paso siguiente consiste en experimentar con la formación de los sonidos del habla. Para empezar, prueba a emitir un sonido «ah». Para ello, el cuerpo de la lengua debe descender para que pueda pasar el aire por la boca y salir de ella. Abre la boca para producir el sonido y, cuando hayas terminado, cierra la boca y deja entrar el aire por los orificios nasales. Vuelve a producir el sonido y, cuando vayas por la mitad, produce con la lengua una «t», de modo que emitas el sonido «ta». Cierra la boca y deja entrar el aire por los orificios nasales.

Vuelve a formar un sonido «ah», y prueba después a formar un sonido «l» y un sonido «m»; prueba a hacerlo sin mover la lengua ni la mandíbula y sin interferir en la respiración. Si formas entonces una «k» (en lo que interviene el paladar) y una «s» (que se forma con la lengua), ya habrás construido la mayor parte de los sonidos consonánticos que se emplean en el habla.

Advierte que, al hacer estas cosas, no estás formando palabras completas, sino que estás construyendo pieza a pieza los elementos del habla, hasta que hayas formado palabras completas. Aprender a construir los sonidos de esta manera es un sistema completamente nuevo de aprender a vocalizar, pues no se basa en ejercicios ni en habilidades específicas, sino en el empleo del mecanismo vocal de manera coordinada y libre de esfuerzos.

Por último, prueba a hablar sin inspirar previamente por la boca; es decir, sin abrir antes la boca para tomar aire. Tendido tranquilamente en la posición semisupina, deja que el flujo del aire te entre y te salga por los orificios nasales. Después, abre la boca para pronunciar una frase y, cuando hayas terminado, cierra la boca y deja que entre el aire por la nariz, antes de pronunciar otra frase. Si eres capaz de hacerlo sin «tomar» aliento entre las frases, prueba a recitar una poesía y, cada vez que vayas a iniciar una nueva frase, intenta cerrar la boca de modo que el aire te entre por la nariz en vez de por la boca. Este ejercicio es muy útil para evitar la interferencia innecesaria del sistema respiratorio y de la garganta al hablar, y proporciona un fundamento o punto de referencia inestimable para llegar a ser conscientes de los hábitos innecesarios y dañinos en el habla normal y cotidiana.

La importancia de evitar el uso erróneo de la voz

Restaurar el sistema general y evitar interferencias en la sustentación del tronco, en el movimiento de las costillas y en la suspensión de la garganta al vocalizar representa un planteamiento nuevo y fundamental del estudio vocal, ya que se basa en establecer un funcionamiento natural y equilibrado del sistema vocal. Como la mayoría de los pedagogos vocales no son conscientes de cómo depende la voz de este sistema más amplio, o bien descartan este factor, calificándolo de formación postural, o tienden a desatender el papel vital que desempeña en la función vocal. Pero el impedir esta interferencia básica en el sistema vocal aporta unos beneficios maravillosos, proporcionando una mayor libertad en las estructuras de la garganta y haciendo posible hablar con mayor facilidad y eficiencia. Así resulta mucho menos cansado hablar durante períodos largos; también se hace posible emplear la voz sin sufrir los deterioros que acompañan tantas veces al envejecimiento.

Una voz tranquila, «dejada en paz», también es agradable al oído estéticamente, y resulta mucho más fácil de escuchar que una producción forzada. El acto sencilo de hablar o de cantar sin realizar esfuerzos innecesarios y sin intentar hacerse oír suele ejercer un efecto profundo sobre el oyente, al que conmoverá y atraerá más una voz no ruidosa ni forzada, que invita a la escucha y expresa respeto hacia el oyente.


Toda la información necesaria para escribir este artículo, así como las imágenes referentes a la anatomía fueron extraídas del libro Your Body, Your Voice de Theodore Dimon ilustrado por G. David Brown.


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